Baños mixtos acogen a figura acomodada en inmueble de mármol que acomoda el trío de lavamanos en superficie. No hay preocupación en ser interruptor de higiene, así como acomodarse junto a restos de níveo estupefaciente anteriormente consumido por la dualidad de orificios nasales. Ignora el quebrantar de quietud por los desafinados cánticos que tienen lugar en uno de los cubículos, y carece de la motivación suficiente para ceder vistazo a quien atraviesa chirriante portón. “Aún queda espacio si quieres sumar tus servicios a las páginas amarillas del contrabando.” Pesa el desinterés en sentencia. Inclina cabeza a las plásticas paredes de inodoros manchadas por el conjunto de número de teléfono asegurando la satisfacción de necesidad ilícita, a veces intermediado por el insulto de un amante despechado, mientras le acompasa espesa nebulosa tóxica.











