Ojalá la distancia y el tiempo acomode nuestras grietas y podamos juntarnos sin darnos cuenta. Ojalá nos echemos de menos y pensemos tan alto nuestros nombres, que podamos oír los latidos del corazón en la lejanía, cuando haya mucho ruido. Ojalá, cariño, no nos soltemos la mano aunque pasen dos mil inviernos sin decirnos te amo.
M. Sierra Villanueva













