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hermanarayo.
A ciertos.
Estuve soñando, y cuando digo que estuve soñando es que se abrieron las puertas. Es decir, estuve durmiendo, mientras pasan los meses desde que dije adiós.
¡Qué vueltas que da, para decir nada!
Parece que es una de las buenas malas costumbres que conservo con los años.
Es que el verdadero asunto, tiene que ver con lo que me toca, lo que hunde su dedo ficticio sobre mí, como si fuera real, porque en si lo es. O sea, se hunde sobre mi cabeza y se mete, en mis días, en mis cosas, en todo.
Parece que cayó la primer piedrita del cantero. El mayor de los peligros no es en si esa caída, sino más bien la facilidad de caer donde no hay nada.
¡Peor que el mismísimo abismo!
Parece que tanto escribir y querer al error por su esencia misma del aprendizaje, me hizo abrazar la tonta idea de la comodidad de no intentar otra cosa, al menos, otro error.
Miro como todo se derrumba, desde el acá no pasó nada, está todo bien, todo en orden. Cada cosita en su lugar, prolijamente aburrido se puso el cielo, mientras adentro una tormenta me sacude.
Si todavía no almorcé, sigue siendo la mañana. Desayuné dos veces, no lavé los platos, tampoco acomodé, ni fui al lavadero, no hice la cama. Desarmé muchas cosas y no las acomodé. Busqué con esmero una postal que recibí erróneamente, hace muchos años. La busqué como si fuera un recuerdo propio. El lugar era ¨Comillas¨ y se veía realmente lindo, pero no recuerdo a quien estaba dirigido, si intenté devolverla o no. No recuerdo nada.
Entonces pienso, ¿a donde voy con todo esto? Solamente estuve pensando últimamente que prefiero empezar a acertar, a sentir, a querer, a hacer, a ir, venir como casi sin respirar, pero respirando profundamente. Siendo todo eso que siempre se dice y se hace lo que se puede. Pero quiero más. Realmente quiero más. Ahora suena el teléfono y no quiero atender.
No quiero estar para nadie que no sea un nuevo error, o un acierto que sea cierto.
Parece que es hora de caer en la cuenta y no sólo en la numérica. Empieza a haber algo que pertenece a un pasado, tramposo que invita a caer, a decir que es más fácil apropiarse de una caída que se practica antes de.
Sonaron las campanas, y yo soñé con muchas puertas, algunas estaban abiertas, había cosas que brillaban adentro. Hay una calle en la que todos dijeron que no, para cerrar lo cerrado. Puede que haya coincidencia en la caída, pero: ¿Cuál de los dos tiene que ser?
frío.
Empieza a haber pasado, frío-congelado. Comienza a tomar forma un listado de ¨lo que ya no¨.
Y entonces, sólo resta ver lo que yo-quiere. Algo como distinguir lo que merece ser escuchado o enmudecido.
Las trampas también son del pasado, de otra era, de un viejo árbol. El problema es el de la apariencia, lo falso, lo que parece familiar o no.
Ahora no sé, más que apropiarme de mi, del reflejo, de la voz y por ahí, algún acierto capaz encuentre.
Parece que me cansé del mismo error. Parece que hay algo más allá.
centrar
La cobardía baila al ritmo de la verdad, se desespera, hace sin hacer.
Se cae, Se acoplan las capas y no queda nada, aparece algo liso. Tan suave que adormece el insomnio. Una superficie de nada, con un par de líneas descuidadas. Evade, Rondando hablar de cosas para no decir, se esconde y deja que el otro termine, que hable, que diga, que pida. Ojalá se duerma pronto. Avanzo con algo y te lo digo, o espero y dejo pasar lo que no me pasa.
algo como algas
Tomo un puñado de algas entre las manos, formo un lazo entre unas y otras, lo suelto. Hasta el punto de perderlo, perderlo de vista, de control, de la memoria. No quiero tejer una red, quiero que se filtre algo hacia el fondo, olvidarme y volver a sorprenderme.
Quiero nadar en un mar diferente, un fondo mutable, donde las cosas pasan para todos lados. Lo que permanece, respira conmigo, el ritmo despacio, del cuidado.
Así construyo algo como algas, juntas y separadas.
Coronas de colores profundos, la luz en el fondo, los huecos y el todo.Perder.
Es desplegar los limites de lo plegado hasta romperlos, en ese espacio diminuto, abrir el obturador del ser.
nuevo orden
La casa que no se habita,
se silencia.
¿Qué quiero de mi?
Dejarme ser.
Por que de loca acá no hay nada.
Cada jugada bajo el dominio.
Escondida detrás de, abajo, adentro.
El pasaje necesario.
De lo que hay, lo que es. lo que en lo que ce.
Las palabras que se traban.
La negativa anticipada.
La pregunta que regresa a quien pregunta, pero no puede responder.
Silenciar las hojas de la menta.
Arrancarla de raíz. ¿y qué?
Un adicional que no suma, una casa que no se desordena.
El miedo a perder, lo que no se tiene.
Una tierra que no invade o un mar que nunca llega.
cuatro de doce
Ruidos de un lugar nuevo,
plaza, balcón, sol y viento.
Hablemos despacio,
la sonrisa que no se borra.
El silencio que escucho en la oscuridad.
a r i s c a
una mano que se suelta y acaricia.
cosquillas en el aire.
Volvé.