La busqueda de mi infancia perdida en un campo de olivos
En el campo de olivos, entre luces doradas, busco mi infancia perdida, mis risas olvidadas, en el perfume del aire y la brisa susurrante, en la tierra que guarda secretos de antaño constante.
Entre los olivos milenarios, testigos de tiempo, me adentro en la nostalgia, en un sueño eterno, buscando en sus sombras la risa de aquel niño, que correteaba libre, sin miedo y sin armiño.
En cada hoja que cae, veo destellos de mi ayer, y en cada tronco rugoso, siento el eco de mi ser, es un laberinto de recuerdos, un canto silente, donde la añoranza y la melancolía se hacen presentes.
En cada rama que se alza, encuentro mis raíces, en cada suspiro del viento, susurros de cicatrices, busco mi infancia perdida, entre sombras y sol, en el campo de olivos, donde el tiempo se deshace en un rol.
Las aceitunas caen como lágrimas del pasado, y en cada una encuentro un pedazo del niño amado, los campos se llenan de sus risas y travesuras, pero solo en mis sueños alcanzo esas dulces trizas.
El sol acaricia mi rostro, y en sus rayos encuentro, los juegos en la tierra, la inocencia sin descontento, pero el tiempo implacable se lleva aquellos días, y solo me queda la búsqueda de mis alegrías.
En el campo de olivos, en medio de su esplendor, busco entre susurros y suspiros, mi niñez con fervor, quizás algún día, en sus sombras y en su aroma, encuentre el tesoro perdido que mi alma añora.
Y así, entre olivos y susurros del viento, sigo buscando mi infancia con ardiente lamento, en el campo eterno de olivos, nunca dejaré de vagar, porque en su abrazo melancólico, mi niñez quiero encontrar.



















