En el año 335 A C se formó un grupo de nueve guerreros dispuestos a defender el ataque a lo que hoy conocemos como Antigua Babilonia por parte de Alejandro Magno. Ninguno de ellos era de ahí realmente pero sabían que debajo de uno de sus templos se ocultaba algo invaluable: El Sinsar Dubh y sabían con certeza que Alejandro quería hacerse de él. Por lo que la ciudad debía mantenerse en pie para seguir siendo el perfecto escondite para el libro. El grupo se formó y salió al acecho buscando detener las invasiones y el avance del enemigo. Era un grupo pequeño pero que ganaba cualquier batalla que se cruzaba en su camino. Sin embargo, acceder a Alejandro no era sencillo y cuando estaban a punto de llegar a él, cayeron en un Tabh´r (portal) que logró que se perdieran en algún lugar desconocido. El tiempo en cada mundo corre distinto y ese lugar no era la excepción. Cuando luego de un par de meses allí lograron salir, Babilonia había caído hacía más de 400 años y no sólo su objetivo había fallado sino que habían perdido el único objeto que tanto resguardaban.
Cuatro años después de ardua y constante búsqueda lograron dar con otro portal que los dejaban en una enorme y blanca mansión. Nuevamente el tiempo en nuestro mundo se escurría y aunque ellos no lograban notarlo, buscaban salir de allí pues no era más que una lujosa prisión de la que nada querían saber tampoco. La salida fue medianamente exitosa, pues salieron pero fue hacia algo que conocerían como El salón de todos los días. Sin saber cómo ni porque iban alternando de mundo en mundo buscando una forma de regresar, aprendiendo tantas cosas que parecían casi imposible de recordar y encontrando objetos de enorme valor. Restando importancia a que eran observados, llegaron a Sidhe y para colmo de sus males, se deshicieron de algo que la reina apreciaba lo suficiente como para maldecirlos por siempre y aunque regresaron al mundo mediante su propia mano, ya no eran los mismos: No podían morir y estaban destinados a ver a todos los que amaban a marchitarse y perecer junto a ellos y, en el caso de uno de ellos, a su propia familia yacer una y otra vez frente a sus propios ojos sin poder hacer nada para remediarlo.
El tiempo enfrió sus temperamentos, no podían acercarse a nadie y correr el riesgo de crear un vínculo que acabara muriendo en sus propias e intactas manos. Sin embargo, uno de ellos, cuando estaba en Sidhe se enamoró de una fae. Al ser descubiertos a ella se le quitaron sus poderes como castigo aunque eso no era lo peor. Cuando ella en su faceta mortal quedó embarazada, la envidia y odio de sus antiguos compañeros los llevaron a maldecirla: Nunca podría disfrutar a su hijo. Su gestación sería casi eterna y aunque él nacería, sería una bestia como en el fondo era su padre y en el proceso del parto ambos morirían... una y otra vez. Al escapar la última chispa de vida de sus ojos, volvería a despertar, sólo para tener un embarazo avanzado que duraría un año completo para el mismo día, a la misma hora y en el exacto mismo segundo, uno nacería y ambos morirían al instante.
¿La solución? Se encontraba en un libro que hacía milenios tenían a su alcance y ahora estaba perdido. ¿El objetivo? Encontrarlo, cueste lo que cueste...