Instrospicere
("introspicere": (del latín: Introspección (mirar en el interior) )
Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta. Carl Gustav Jung
Algunas veces el trabajo de un creador consigue abrir no solo espacios visuales, sino también poéticos así como existenciales. Este es el caso de Cristina Minacori donde su obra solo puede ser pensada a partir de una reflexión en torno a la relación entre vida y condición formal del arte. Un trabajo que la artista inicia con la elaboración de una suerte de juegos gráficos que crecen en pequeños cuadernos de dibujos, a los que luego irá aumentando de tamaño, para paulatinamente conformar una serie de imágenes coloreadas; el resultado constituye un imaginario singular que fundará sus obras finales. ¿Quién es el actor de sus obras? Tal vez, El ser arrojado a un estado de indecisión y reflexión que se permite la pausa sobre el cuerpo y experimenta la mirada interior. Es casi como la travesía de un anónimo protagonista, un náufrago de un laberinto existencial lanzado a un itinerario ilustrado que acuerda con un mensaje encriptado: manifestar lo distinto del sujeto, su interioridad indescifrable. Cristina, logra otorgarle vida a ese personaje mediante el dibujo lineal y sensual, sumándole un audaz cromatismo que rompe con la representación realista. Los colores como déspotas feroces cercarán, autoritarios y convergentes, la mente del pensador errante. Son los colores de la introspección, colores implacables, arbitrarios, expresivos e intensos que se despliegan sobre una convulsión de pensamientos y emociones. En su conjunto, las composiciones son un silencioso relato, una fábula muda de la vida. Dan cuenta de existencias ensimismadas y claustrofóbicas, que flotan desmembradas en espacios indeterminados. Errabundos, dominados por pies y manos contundentes que aplastan sus gritos y aprisionan sus pensamientos desdoblados dentro de sus enormes cabezotas de ojos múltiples y extenuados. Las obras de Cristina Minacori exudan sensibilidad a través de estos seres increíblemente compasivos, que agitan su imaginación y sacuden sus sueños mediante el color vivo y arrebatado. Entonces, la travesía del náufrago se convierte también en una alegoría sobre algunas de las iniquidades que resiste en la profundidad de su mundo, el nuestro. Esas silenciadas y urgentes preguntas sobre nuestro tiempo, el de él. Tal vez, también se trate de la invitación a la percepción del otro a través del arte. Norah Longo









