Detestaba el mundo exterior, de verdad que lo detestaba, hasta ahora, no había encontrado algo positivo, ninguna cualidad redimible que pudiera ayudar a que pensará siquiera en darle a su padre información de que los humanos en la superficie merecían la salvación. Sobre población, suciedad, falta de educación, solo una de las cosas que más detestaba de ese mundo de la superficie.
Como también había cosas malas, también habían las buenas y la única de ellas que hasta ahora había encontrado es que los seres de la superficie podían ser manipulados por su voz. Hasta ahora, lo había aprovechado para poder hacerse de muchas cosas, en especial, lujos que una princesa como ella merecía.
“ Ahora puedes irte ” Con esa orden, el hombre que antes le había comprado un montón de joyas se retiro y dejo a la pelirroja sola, en las manos llevaba una cantidad grande de pequeñas bolsas en la que se encontraba su motín. Estaba a punto de retirarse del lugar cuando una mirada le llamo la atención, una proveniente de una pelirroja a unos cuantos metros de ella.
¿Acaso había visto lo que había hecho? No, de ninguna manera un humano podría el darse cuenta de sus acciones, sus cabezas estaban demasiado cerradas y primitivas que seguro no comprendían algo tan complejo como la existencia de seres que pudieran hacer algo como lo había hecho.
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