Amoldarse a su nuevo hogar estaba resultando una complicación que no deseaba tener. Los Lupinos, como todas las criaturas, eran reacias a la aceptación de una raza completamente diferente a la propia, un hombre de ideales distintos a los que se les enseñaron y él, con la mitad de su existencia como una mancha en blanco en su cabeza, solo sabía vivir como un wendigo y nada más. Comer y sobrevivir eran una de las pocas cosas que debía pensar cuando estaba completamente solo en el bosque, por ende, estar atento a cualquier sonido en el suelo o aroma en el aire, era una cosa a la cual el de hebras cenizas, estaba más que acostumbrado. - —¿Sabes que puedo olerte y percibirte como los Lupinos o los hombres lobo lo hacen? — -su vista color turquesa se apartó de las flores fluorescentes y brillantes en las cuales estaba enfocado hace un rato, esperando que el moreno se aburriera de seguirlo hasta la parte del bosque donde Aefa le permitió vagar en completa soledad, regalándole el espacio que Lukyan tanto atesoraba. Giró su cuerpo hasta donde sabía que estaba el otro, arrugando un poco la nariz al efectivamente, seguir percibiendo un aroma peculiar y exquisito. - —¿Qué quieres? — - / @interstellarflower
















