Tuve una noche llena de sueños en los que no podía confiar en mi versión de la realidad.
Primero, era víctima de violencia religiosa. Salí de ahí y pensé que estaba perfectamente bien. Hasta que vi mi cadáver
Después, alguien que conozco en la vida real estaba muerto en el sueño. Me trataba de robar mi cuerpo para controlarlo. Yo perdía tiempo, cada vez que tomaba consciencia estaba en un lugar y tiempo distinto al anterior.
Luego, parecía que una fuerza sobrenatural, una deidad, algo incorpóreo trataba de dañarme por medio de los elementos. Una ventisca tan fuerte que podría sacar volando a una persona. Un tsunami que nos sumergía a todes en agua. Pero no sabía si era real o si estaba en mi imaginación. Se sentía muy personal.
Al final, estaba yo en un lugar seguro. Subí con mi novie a una azotea, donde había un cabrito. Era chiquito. Yo lo tomé en mis brazos y mi novie me dijo: suéltalo, ¿no ves que no le gusta? Era verdad, se intentaba escapar de mis manos. Yo me disculpaba y le dejaba ir. Caminando hacia abajo por la escalera, mi novie me decía cosas. No recuerdo qué decía, pero no sonaba a elle. No era algo que elle diría. Le perdí de vista un momento y le vi regresar, cargando al cabrito. Le hice una pregunta con truco, para saber, sin preguntarle, si acabábamos de platicar y bajar las escaleras juntes. Y no. Elle había corrido tras el cabrito hasta quién sabe dónde y venía de regreso. Yo había bajado las escaleras por mi cuenta.