Historial Nueva Chicago - San Telmo (local - visitante - neutral)
https://historialesdefutbol.blogspot.com/2025/09/nueva-chicago-san-telmo.html
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Historial Nueva Chicago - San Telmo (local - visitante - neutral)
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A la vera del Riachuelo, bajo la autopista, las siete manzanas que ocupan la isla comenzaron hace dos años a vivir una experiencia que los vecinos nunca imaginaron: "Pintó la Isla". Grafffiteros quieren cambiar el barrio, sacarlo a la luz, dejar en las chapas de las casas, en la madera de los conventillos y en las paredes, arte, justo ahí donde para muchos no podía haber nada.
Patotas al servicio de Macri
Patotas al servicio de Macri
Cada vez más ataques contra opositores. Macri es responsable de la multiplicación de casos de violencia política. Patotas, una especialidad desde que estaba en Boca.
Patotas contra los pobres
Libertad para decir lo que Macri quiere
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Patotas contra los pobres
Patotas contra los pobres
Se entendió mal, no era pobreza cero. Macri no lucha contra la probreza, manda patotas contra los pobres. Y contra sus curas.
SAQUEARON LA CAPILLA DE LA ISLA MACIEL DONDE HABIA ESTADO CFK
“Un robo para ensuciarnos”
Francisco “Paco” Olveira, párroco y miembro del Grupo de Curas en Opción por los Pobres, dijo que “le quedan poquísimas dudas” sobre la intencionalidad del robo para perjudicar a los…
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Libertad para decir lo que Macri quiere
Libertad para decir lo que Macri quiere
El macrismo ataca medios opositores. La patota que violentó Tiempo Argentino, con complicidad policial y judicial, es un caso más de las agresiones estimuladas por un gobierno fascista y muuuy mentiroso. Tiempo de patotas: crónica de una madrugada agitada Los encapuchados
Entre las 12:30 y las 12:40 de este lunes, entre quince y veinte hombres de negro y encapuchados entraron a la redacción de…
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Una TS en la Isla Maciel
El jean elastizado le corta la circulación en la cadera y deja viboritas blancas y rojas en su piel. La musculosa talle seis de un rosa cada vez más transparente, llena de bolitas de algodón, deja al descubierto su panza más allá de su ombligo. Su cola resbala sobre el borde del asiento y toda su espalda queda en el aire sin apoyar. Se suelta el pelo, lo retuerce entre los dedos, lo recoge, lo enrosca y arma un rodete que se ata sin gomita. Te mira fuerte porque se quiere ir, no te conoce, desconfía, te examina y no entiende por qué ella y vos están ahí. La ficha es larguísima, no vas a mentirle, y encima son las primeras que estás haciendo por lo que tu ritmo para la secuencia leer-preguntar-escuchar-interpretar-escribir es fatal. Nombre y apellido, decís en voz alta, como para justificar el tiempo en que escribís lo que ya sabés. Fecha de nacimiento,decís. No sé, te dice. Levantás la cabeza sin querer y la mirás porque no entendés. Si no te acordás el año no importa, decime el día y el mes en el que cumplís años, decís con voz despreocupada y fingiendo una proximidad cómplice que no existe entre las dos. No sé repite, sin cambiar el tono ni el gesto de su cara. ¿Cuántos años tenés? No sé bien, creo que catorce o algo así, y te desmoronás. No sabe su número de documento, no tiene teléfono, no va a la escuela, en su casa son dieciséis y su dirección es la misma que dan los otros chicos del barrio, porque en realidad no hay calles ni numeración, ese barrio no existe más que para quienes lo habitan. Ésas son todas las respuestas que conseguís. La entrevista es un fracaso, apenas tres respuestas completas de cuarenta y ocho, vas a tener que buscar fichas viejas, rastrear a algún familiar, porque Subsecretaría las quiere completas, llenas llenas, dijeron. Gastás el recurso de la sonrisa, demasiado, y le decís que la mayoría de los chicos no pudieron responder, que es normal. Mentís como intentando reconfortarla, pero a ella no le importa, sabés que sólo te reconfortás a vos, que sos vos la que siente pena porque no sabe nada de lo que se supone debería saber. Te hacés la simpática hasta las nauseas, te esforzás, actuás patéticamente como si por ponerte las converse gastadas, el chiripá verde lycra y los aros de alpaca entendieras algo. Pero no entendés nada, e impostando hasta el final le decís que ya puede irse y te atrevés a darle un beso como si hubiera algún vínculo que lo ameritara. Cerrás la puerta de la oficina, esa pequeña porción de municipalidad en lo que te enseñaron a llamar territorio, y volvés corriendo al mate estancado en el escritorio, ese donde estuvieron las bocas de los chicos, de alguna mamá que pasó a preguntar por la beca y de tus compañeros. Le volcás agua caliente haciendo que todo flote y le dás un sorbo larguísimo, para llenarte de todo, para volver a creer en algún tipo de comunión popular que justifique tu presencia ahí y que te acaricie la cabeza y te diga que pertenecés de algún modo y que sos indispensable. Con la mano desocupada abrís el cajón de los archivos y buscás entre las fichas de inscripción que te anteceden: “15/07/99”. Cumplió quince años y querés correr a cantárselo. La imaginás con un vestido blanco gigante como el que vos usaste, y volvés a la ficha a transcribir datos.