...
Te pregunté sí debía tenerte miedo.
Me lo pregunté por semanas hasta que, incapaz de encontrar una respuesta, te lo pregunté a ti.
Te quedaste en silencio, ¿cuántos segundos? ¿Cinco, diez? Realmente no los conté, de pronto sintiéndome insegura por haberte preguntado, temiendo que te enojaras conmigo. Dijiste que no debía, que no tenía razón para hacerlo pero ¿acaso el pensar tanto mis palabras no es signo de miedo?
Tal vez siempre te he tenido miedo, desde que ambos éramos sólo dos adolescentes que estaban en su primera relación y tú me alzabas la voz sin importar en dónde estábamos, desde que te decidiste a hacerme daño emocionalmente y nunca pedir perdón. Sin embargo, nunca me pregunté realmente sí debía temerte o no.
Ahora, pienso en ti y la duda se cierne sobre mí como un ave de rapiña.
Acabó de terminar de leer, muy por encima, Its End with Us... pensé en ti mientras pasaba las páginas y veía a la protagonista luchar con lo que pasaba. Creo que me sentía, de alguna manera, igual a ella. Porque aún tengo en mi piel la sensación de sentarme a tu lado y escucharte hablar de lo mucho que quieres herirme mientras pienso en que no, nunca serías capaz de hacerlo.
No lo harías, ¿verdad?
Dijiste que no, que nunca podrías.
Entonces; ¿qué es lo que veo en tus ojos cuando lo dices? ¿Por qué temo hacerte enojar? ¿Por qué cierras tus manos en mi rostro con tanta fuerza? ¿Por qué cuando digo “ya” sigues tocándome aunque no pueda más? ¿Por qué debo tocarte yo a ti aunque me duela?
¿Por qué esa tarde pusiste tu mano en cuello y apretaste, sólo un poco pero lo suficiente para dejarme sin aliento?
Me quedé congelada en el sillón mientras tu mano seguía en mi cuello y tú me mirabas, diciendo: “¿qué harías si decido apretar más duro?” antes de soltarme y reír, negando que eso pudiese pasar. Yo seguí ahí quieta, con el calor de tu mano quemando sobre mi piel.
Aún lo recuerdo pero no es nuevo, las palabras vienen desde hace tiempo y sólo hace cuatro días hablaste de atarme y lastimarme. Lo pienso, el miedo no me abandona pero, de alguna forma, creerte capaz de algo así es irreal, lejano a mí. ¿Realmente te temo?
Sí hubieses apretado más, queriendo llegar al final...
¿Qué hubiese hecho?
¿Que haría si volviese a pasar?















