4. Cazadores de Sombras: Ciudad de Los Ángeles Caídos.
—¿Sobre qué estabas soñando? —Tú. Hizo girar un mechón de cabello de ella en su dedo. —Siempre sueño contigo. Aún en su regazo, sus piernas desparramadas sobre las de él. —Oh, ¿si? Porque pensé que estabas teniendo una pesadilla. Inclinó su cabeza hacia atrás para mirarla. —A veces sueño que te has ido, dijo.—Me sigo preguntando cuando te darás cuenta cuánto mejor podrías tener y me dejes. Ella tocó su rostro con la punta de sus dedos, delicadamente trazando sus pómulos, y hacia abajo en la curvatura de su boca. Jace nunca decía cosas como esas a nadie excepto a ella. Alec e Isabelle sabían, por vivir con él y quererlo, que debajo de su coraza protectora de gracia y fingida arrogancia, los fragmentos irregulares de sus recuerdos y su infancia aun lo desgarraban. Pero ella era la única a la que decía esas palabras en voz alta. Sacudió su cabeza; su cabello cayo hacia adelante sobre su frente, y ella lo apartó impacientemente. —Desearía poder decir las cosas como tú las dices, dijo—Todo lo que dices, las palabras que eliges, son tan perfectas. Siempre encuentras la frase correcta, o la forma justa de decir las cosas para hacerme creer que me amas. Si no puedo convencerte que nunca te dejaré... Él atrapo su mano en la suya. —Solo dilo de nuevo. —Nunca te dejaré, dijo. —¿Sin importar lo que pase, lo que yo haga? —Nunca voy a renunciar a ti, ella dijo. —Nunca. Lo que siento por tí... tropezó sobre las palabras.—Es lo mas importante que he sentido alguna vez. Maldita sea, pensó. Eso sonaba completamente estúpido. Pero Jace no parecía pensar lo mismo; él sonrió con nostalgia y dijo, —´L'amor che move il sole e l´altre stelle.´" —¿Es eso Latin? —Italiano, dijo. —Dante. Ella recorrió las puntas de sus dedos sobre sus labios, y él se estremeció. —No hablo Italiano, dijo, muy suavemente. —Significa, dijo —que el amor es la fuerza más poderosa en el mundo. Que el amor puede lograrlo todo.

















