« 11. ¿Crees que todo el mundo tiene un alma gemela? »
[ Conversación Gillian y Marion sobre Jackson Mortimer y Gaspard Fraisse. ]
—He pateado el culo de ese ignorante, por fin —Gillian alzó el vaso, recién servido, para brindar con su amiga. Haberse divorciado de Jackson era la mejor de las noticias, ese era el motivo por el cual estaban de celebración aquél día—. La empresa ha quedado a mi cargo, voy a cambiarle la denominación… ¿En qué diablos estaría pensando cuando dejé que se utilizase su apellido?
La presidenta del FN soltó una carcajada seca, negando.
—Estoy de acuerdo en eso, hermana mía. Ahora tienes la oportunidad de vivir tu vida sin interferencias, y sobre todo de buscarle un nombre decente a tu proyecto.
Alzó el vaso también y lo chocó con el contrario, asintiendo con firmeza en el acto. Ambas se sentaron, cada una en su respectivo sillón. Se acomodaron sobre el respaldo en completo silencio, solo se escuchó el líquido bajar por sus gargantas y el consiguiente suspiro de satisfacción.
—¿Y tu encargo? ¿Prosperó?
El rostro de la política se endureció, tomando unos matices más pálidos. Todavía alargó el silencio por su parte unos instantes más, llenando los pulmones antes de dar una respuesta.
—Aceptado está. A la espera estoy de que se produzca, pero ten por seguro que cuando prospere te enterarás. El mundo entero lo hará.
Apoyó los brazos sobre el posabrazos de su butaca, desviando la mirada pensativa. Era bien consciente de que lo que vendría a raíz del cumplimiento del trato iba a ser duro y por qué no, posiblemente perjudicial para ella, al menos si no salía tal cual lo previsto. Pero Marion era una mujer decidida, sabía mantener la mente fría incluso en los momentos más complicados, y ella creía que esa era una de las mejores cualidades para dirigir un país, lo que le convertía en una maravillosa candidata. Además, no tenía ningún reparo en tomar las decisiones que creyese convenientes, gustaran más o menos, fuesen más o menos arduas y espinosas.
—Saldrá todo bien. Has nacido para esto, Marion. Siempre he creído que el destino está escrito, y el tuyo está más que claro desde siempre. Créeme: en el presente serás reconocida y en el futuro serás recordada.







