La multitud empezaba a desplazarse por la habitación, quizá buscando un cambio de escenario o por el apetito que invadía a varios. Su mirada se elevaría para encontrarse con mayor y con una sonrisa tintada de cordialidad señalaría los asientos vacíos extendiéndose en la mesa en la que se encontraba. "Eres bienvenido." Exclama con la voz cálida. "Claro, si no te molesta la compañía. Puedo ser buena conversando... o manteniendo silencio." No le gustaba la soledad y por eso la idea de tener un acompañante le resultaba grandiosa, especialmente para distraerse de propios pensamientos.