— ¿Qué diablos? — Dijo el castaño mientras esperaba en la fila de la pastelería, sin embargo desde hacían tres minutos no tenía una de sus donas mañaneras, pensando que quizá pretender ser una persona normal no valía tanto la pena, pero como había aprendido simplemente respiró, resopló y siguió esperando.
No tardó demasiado hasta que lo hartó un hombre. —¿Esa es de chocolate?, no, quizá esa, ¿es de chispas de menta?, oh pero mira esa, ¿de qué es? — Eso fue el colmo para caminar al inicio de la fila e intervenir. — ¡Menta, chocolate, dulce de crema francesa, rainbow glow, vino blanco!, no tengo idea de que es esa mierda pero se ve asquerosa, ¿qué le hicieron a esa pobre dona?, coco, vainilla, black berries, bubblegum, las otras no son tan buenas. Ahora, ¿¡quienes elegir tu maldita dona por el amor de Satanas!? —
El hombre que era algo tímido no supo que contestar, el Wendigo rodó los ojos y tomó una dona que mostraban encima del exhibidor. — Toma, cómela y estarás feliz. Ahora vete al carajo. — Le señaló la puerta. La gente a su alrededor le miraban perplejos, Jeffrey eligió a uno al azar y le lanzó un comentario molesto. — El pobre idiota nunca habría elegido una, además la pagaré yo, deja de mirarme antes de que.... — Bufó. — Olvídalo. — “Malditas series policíacas” pensó.


















