No quería escucharle, por supuesto que no, pero cada vez que Jeffrey abría la boca era para soltar una verdad de la que este parecía enorgullecerse, una que poco le importaba que una ex cazadora, loba, o lo que Queen pudiese llegar a ser, supiese—Eres ridículo—Soltó ante sus burlas, luego de haber visto como aquel vaso caía al suelo, rompiéndose al estrellarse contra este. ¿Qué le hacía actuar así? Había conocido Wendigos por supuesto que sí y ninguno actuaba como quien se sentaba frente a la rubia.
Pero cualquier pregunta que se hiciera a sí misma o pudiese formular para el Wendigo, se ve interrumpida ante la mención de lo último. La descarada sonrisa de Jeffrey no hacía más que su molestia y asco aumentaran, pero no era el lugar para perder el control porque se sabía quien saldría perdiendo esta vez. Recordaba las noticias, tantos niños perdidos y ahora podría darse golpes en la frente al no haberlo asociado con semejante monstruo—No comprendo como es que aún no te he matado—Murmuró casi para sí misma, sabiendo a la perfección que el otro podría escucharle—¿Pagarte el haberte atrapado y torturado? Debería de hacerlo de nuevo hasta que tu vida acabe.
Sonaba como una amenaza y si tuviese la oportunidad lo haría realidad, librar al mundo de alguien como Jeffrey sería una buena acción ¿no?—No me digas princesa—Responde justo antes de rodar los ojos para finalmente posar su mirada sobre la del contrario—He pensado lo suficiente en lo gratificante que sería descuartizarte y quemar tus partes—Si, una parte de sí misma aceptaba que el Wendigo sacaba su lado más vengativo y quizá sanguinario—Lo decía porque resulta grotesco el verte así—Finaliza aquellas palabras sonriendo falsamente.
No lo era, simplemente le importaba una mierda lo que el mundo pensara de él, muchas veces le habían referido como un monstruo, así que obligaría a todo el mundo a crear un nuevo adjetivo para él, ya que monstruo se quedaría pequeño en sus zapatos. — Y tú eres patética, tienes tanto potencial pero eres demasiado estúpida como para sacarle provecho. No eres más que una perdida de tiempo, Queen. — Claramente estaba provocando a la rubia, pero el Wendigo siempre buscaba esa forma de llegar al centro de los demás para exprimirlos. La rubia le gustaba demasiado, otra razón para obligarla a odiarle, de esa forma no se acercaría a él, no se enamoraría de ella, no sería un problema al cual tener que destruir. — Sólo soy honesto, pero las personas viven en mentiras, soy la espina que ama reventar esas cápsulas llenas de sueños estúpidos. —
— Porque no eres lo suficientemente fuerte, seguramente no has matado a nadie completamente guiada por tus instintos de Alfa. — Se burló de la chica, de ser cierto había sido un golpe para la ajena. — Ahora dudo que si quiera quieras tocarme, no porque te repulsión, sino porque no tienes tanta habilidad. — La otra no conocía su interior, en el pasado era simple de atrapar, torturar, incluso matar, pero las cosas habían cambiado, un asesino nato evoluciona, y Jeffrey había evolucionado a su lado más despiadado.
— Obligame, princesa. — Nuevamente tocaba donde ya existía un odio intensificado, pero no podía evitarlo, tenía una relación tan extraña con la rubia que del mismo modo que necesitaba verla también necesitaba irritarla. — Seguramente tú y todas las personas de ésta cuidad, pero hay una gran diferencia en soñar y la realidad. —
Comenzó a reír, no le importaba que le insultara o despreciara, estaba más encantado por eso. — Seguramente no, pero nunca me harías un cumplido amigable. Está bien, seguramente no estoy en tu lista de ligues del mes. ¿Quién sí?, ¿tus lobos?, ¿la loba alfa también cuida de sus cachorros?, no sabía que entre manadas practicaban el incesto, qué sexy. — Frunció el ceño burlón. — O quizá vayas por algo mejor, otro a tu nivel... Otro alfa. — Y la otra sabía de quién hablaba.