Termine mi té de durazno y espere a que Amy lo hiciera también, limpiamos las cosas que habíamos ensuciado y salimos mientras los demás aún se encontraban ahí.
Teníamos pensado reunirnos con Jackson, debíamos hablar con él de un tema importante y al no verlo durante la mañana decidimos sería una buena idea visitarlo.
Le envié un mensaje pero me dijo que saldría con Bambam por lo que quedamos en reunirnos más tarde.
Hoy no tenía el coche por lo que tomamos un taxi hasta el mall donde compraríamos las tazas que mi novia y vicepresidenta del consejo había sugerido para los demás compañeros.
— Amor, ¿sabes que colocaremos en la taza de cada uno? — le mire mientras caminábamos por el centro comercial — ¿será el nombre o algún detalle individual? —
—Creo que sería lindo que cada uno tuviera un pequeño detalle individual aparte del nombre... —Reflexionó al ladear ligeramente su rostro, pensando en ello. —El único problema, es que espero atinarle al gusto de cada uno...
Sus labios se fruncieron ligeramente, observando los locales abiertos con cierta curiosidad.
—Mira, creo que este es el lugar indicado.. —Mencionó, tomando a su novio de la mano para dirigirse y entrar a un local donde se podía ver diferentes estilos de tazas en una repisa y demás materiales sobre los que se podía imprimir un diseño.
—Hay diferentes tipos de tazas... Opino que todas deben tener orejitas— Sonrió emocionada, soltando una baja risa al ver la variedad de tazas disponibles.
— ¿un detalle individual? — achique mis ojos pensando en que los podría representar, ya que había personas con las que mi convivencia había sido casi nula
Rasque mi nuca un poco frustrado — bueno, hagámoslo lo mejor que podamos — sonreí
Seguí a mi chica hasta el local, soltando una carcajada al escuchar sus últimas palabras
— ¿Orejitas? — cubrí mi risa con la palma de mi mano — ¿por que orejitas? —
Sonrió con amplitud, tomando una de las tazas muestra entre sus dedos y mostrarla a su novio.
—Porque son las cosas más adorables... Mira, a los que les gusten los perritos, les decimos que son orejitas de perrito, y si les gustan los gatos, pues les decimos que son de gato... Aunque sino les gustan las mascotas... Uhm...
Frunció sus labios, regresando la taza a su lugar y seguir viajando entre cada una de ellas.
—A parte de con orejitas... Pues mira... Esta se ve bonita... —Tomó otra taza, mostrandola entre una sonrisa. Se trataba de una taza en formato XL. —Aunque esta mug también es linda... — Se detuvo de pronto, parpadeando un par de veces y girar a ver al mayor... —Empiezo a sentirme cual mamá buscando tazas para su casa — Soltó una carcajada, dejando todo en su lugar.
Sin duda el amor por los animales lo compartíamos también y ese estilo también me parecía tierno, aunque no se lo diría, sabía que ella lo notaba con solo ver mi expresión
— Quiero una de estas... — dije mostrando la más grande — oh... — solté una risa sintiendo mis mejillas ruborizarse — ¿no dijiste que sería el profesor de nuestros hijos? — le mire — deberías pensar que estás de compras con tu esposo — solté una risa notando el rubor que también se había alojado en el rostro ajeno
— Bueno, bueno... volviendo al presente — tome una color rojo — creo que esta le gustará a Jisoo, me parece le agrada este color, me lo dijiste después de la pijamada — hice una pausa — esta menta sería a juego con el celular de Jackson — reí
Sus mejillas mostraron el suave color rosa debido a las palabras mencionadas por el contrario, soltando una baja risa y asentir, observando cada una de las tazas que eran tomadas.
—Entonces para ti... —Buscó con su mirada, tomando una que evocaba el color del durazno. —Para ti puede ser esta y la mía... —Sus ojos viajaron, tomando una en color lila. —Esta... ¿Deberíamos poner la nuestra un detalle de pareja? Podemos pedir una estrella fugaz en cada una.
Sus ojos brillaron, llevando a poner las hasta ahora elegidas al mostrador.
Asentí y sonreí de manera enternecida— una estrella fugaz me parece perfecta, amor — deje un corto beso en su mejilla y continuamos observando las tazas
— Me gusta esta — le mostré otro modelo — ¿la de Bambam debería ser menta también? — reí
— ¿Cuanto café crees que le quepa a esta? — le dije mientras observaba la que había tomado para mi — sabes que tengo una pequeña adición al café... aunque no tanto como la que tengo por tus labios — le guiñe un ojo soltando una carcajada.
—Pues la de color menta también quedaría bien con BamBam, aunque el problema es que... No sé si les agrade compartir color.. —Su atención fue dirigida hacia la taza para su novio, aunque cuando estuvo a punto de responder la siguiente frase le arrancó una baja risa.
—No lo sé... A veces veo al café como el mayor de mis contrincantes—Bromeó, sin embargo, cuando se dio cuenta que el dependiente no los miraba, dio un corto beso a los labios ajenos, sonriendo con amplitud.
—Tenemos la misma adicción... Y, creo que la taza queda bien, después de todo es de las mas grandes... —Asintió, regresando su mirada a los colores, comenzando a tomar algunos que creía, les gustaría a los faltantes.
Sonreí instantáneamente al sentir sus labios sobre los míos y una risa cómplice se me escapó sin pensar
— Jamás, mi amor por ti es mil veces mayor — observe lo que había tomado — espero que realmente tome en cuenta el detalle — reí — y si no les gustan, que mínimo finjan cortesía — susurre
Observe un par de cucharas de cerámica con orejitas y sonreí — ¿deberíamos comprarnos unas? —
Su mirada siguió a la adversa, encontrándose con ese par de cucharas que hicieron a sus ojos brillar, enamorándose de inmediato de los adorables utensilios.
—Si, al menos quiero que nuestras cucharitas tengan orejitas...— Se acercó, tomando el par de cubiertos y observarlos a detalle, realmente estaban muy bien trabajadas, sonriendo feliz al sumarla a la compra.
—Bueno, creo que... Ahora solo falta la parte final— Se acercó al dependiente tras el mostrador, explicando que cada taza llevaría un nombre diferente, por lo que entregó la lista y solo repitió el color que correspondería a cada uno.
—Amor... —Su atención se giró al más alto— ¿Entonces un durazno y una estrella fugaz para ti?
Le mire y después a las tazas
— Quiero que la tuya tenga un durazno y la mía una estrella fugaz... tu me representas y yo a ti... — dije sintiendo la mirada del dependiente — ¿querías que que ambas tuvieran los dos elementos? — comencé a sentirme apenado pues quizá no había entendido de manera correcta — será una forma sutil de decir “oye, aleja tus ojos de mi futura esposa” — el chico se rió y lo vi de mala manera abultando mis labios ligeramente
— Pero, cualquier idea que elijas estoy bien con eso — le sonreí
Una carcajada salió de sus labios, quería besarlo nuevamente pero ahora era obvio que los estaban observando, mostrando una sonrisa. —Hay que dejar claro de una vez por todas mejor, que no deben posar los ojos sobre mi o sobre ti con nuestras tazas— Su mirada regresó al dependiente, pidiendo que ambas tazas llevaran las dos figuras aparte del nombre, teniendo un diseño de pareja. Así mismo, pidió los demás detalles extras que llevarían las demás tazas para sus compañeros de la universidad.
—Presidente... —Se giró a ver a su novio, pues él llevaba la tarjeta de cuenta del consejo —Le toca pagar la cuenta. Y... Ya solo sería pasarlas a recoger dentro de un par de días.
— Oh, asi que ¿por eso me trajiste? — solté con una carcajada al ver su reacción. Entregue la tarjeta y esperamos el ticket.
Una vez fuera me quede pensando en que debíamos hacer ahora
— ¿tienes hambre? — le mire — ¿deseas comprar algo más ya que estamos aquí? — tome su mano y la entrelace con la propia — quizá ropa de pareja, con orejitas de gato — reí por que su rostro se iluminó y es que amaba verla feliz
No podía esperar más por aquella opción y es que ya se estaba imaginando a juego con su novio, caminando para poder encontrar un buen lugar dónde encontrar el juego de ropa.
—Nos veremos genial... —Hablaba, manteniendo su mano entrelazada con la adversa, entrando a una de las tiendas de ropa.
—Sudadera con orejas... Veamos... —Su mano pasaba algunos conjuntos, ladeando su rostro.
Asentí — sin duda nos veremos muy guapos — la seguí con la mirada, cada puchero, cada leve gesto me causaba ternura, una que parecía no tener fin.
Realmente me gustaba mucho, ella era mi complemento perfecto y era feliz de haberla encontrado aun sin estarla buscando
— Oye, esas lucen bien — dije señalando unas sudaderas del fondo. Ella las miro un segundo y negó ”no tienen orejitas”. Solté una risa y me gane un golpe en el brazo — eres tan tierna — susurre — la novia más hermosa — apreté sus mejillas y me moví en otra dirección para no recibir otra muestra de amor.
Había ropa bonita, pero no había encontrado orejitas por ningún lado, escuché su voz llamarme y camine a su encuentro notando su sonrisa y rostro iluminado, eso solo significaba — ¿tienen orejitas? — ella asintió y sonreí
— Vayamos a probarnoslas— extendí mi mano para recibir la mía
Había encontrado la sudadera de pareja perfecta. Totalmente emocionada le entregó la suya a su novio y se fue a los probadores de chicas. En esa tienda los probadores de cada género se encontraban uno a lado de otro, por lo que antes de entrar, se giró a su novio. —Nos la ponemos y salimos a ver qué tal se nos ve ¿Okay? —Sonrió con amplitud y sin dejarlo responder, se metió a uno de los cubículos del probador.
Quitándose el abrigo, pasó a ponerse aquella sudadera, mirándose al espejo. Había tomado una excelente elección.
La prenda eran en entre beige con negro. Su propia sudadera era casi en totalidad crema, sin embargo, tenía una bolsa grande al frente en color negro en forma de un gato y la mitad inferior de la manga también era en negro, fijándose que tenía detalles bordados en la muñeca de patitas. Los cordones que colgaban del cuello también tenían unas patitas en negro al final y lo más importante, el gorro de la prenda tenía las orejitas deseadas.
Fijándose al espero, estaba completamente convencida. Recordando que la de su novio, tenía los mismos detalles solo que en colores inversos a la propia.
Emocionada, salió del probador con la sudadera puesta para encontrarse con su novio, sonriendo con amplitud al encontrarlo afuera.
—¿A que nos vemos geniales?
Asentí varias veces totalmente convencido, ella lucia hermosa y sumamente tierna — te queda perfecta — le sonreí y me acerqué para colocarle el gorro — hermosa — me coloqué el propio y saqué mi móvil para tomarnos una foto aprovechando el espejo de cuerpo completo — será mi nuevo fondo de pantalla — bese su mejilla — ¿deberíamos usarlas hoy? — le mire
—El mejor fondo de pantalla— Asintió, mostrándose completamente convencida ante la idea. —¡Si! Oh... Aunque debería quitarmela para pagar... —Regresó nuevamente al probador, quitándose la prenda y tomando su abrigo salió nuevamente con sus cosas.
Tomando la prenda ajena con una amplia sonrisa, la llevó hasta la caja, pagando con su tarjeta y tras recibir el baucher, pidió que no las empacaran, sin embargo recibió el par de bolsas, las iba a necesitar para sus propios abrigos.
Esta vez, solo se colocó la sudadera encima y guardó el abrigo en una de las bolsas, haciendo lo mismo con el del castaño.
—Ahora sí, como la pareja que somos, vamos a comer.
Le ayude con las bolsas y con mi mano libre tome la ajena
— Me gusta...esta sensación abriga mi corazón — le sonreí — ¿que te gustaría comer? ¿Dakkochi? Creo que deberíamos comer algo caliente también, ya que hace frío ¿quizá...una sopa picante? —
—Uhm... Si, la sopa picante me gusta, que sea de kimchi— Sus ojos brillaron, entrelazando su mano con la ajena y caminar. —Y antes de regresar a casa, podemos comer dakkochi.. —Sugirió, llegando a la zona de comida.
— Sabes... creo que mi enemigo mortal sería el Dakkochi — achique mis ojos — ¿debería tener una batalla a muerte por tu amor? — dije mientras entrábamos a un restaurante muy hogareño. Me gustaba la sensación que trasmitían los sitios pequeños, sin demasiadas personas, esa clase de cáliz que te brindaban al saludarte como si te conocieran de toda una vida
Ordenamos y esperamos a que nos trajeran la comida mientras conversábamos con el dueño del local.
Nos pregunto que si éramos pareja y asentimos. Recibimos un par de duraznos sin piel cortesía de su esposa. Era un día frío, pero las pequeñas acciones lograban calentar nuestros corazones
— Deberíamos venir más seguido ¿no crees? —
—Me encantaría, realmente es muy acogedor—.Asintió ante la propuesta del castaño, bajando su atención al par de duraznos que les habían dado en cortesía, se veían dulces, levantando su mirada nuevamente.
—¿Qué te parece si plantamos un árbol de durazno? Podemos pasar una pequeña planta antes de irnos.
Sus manos sostuvieron su rostro, mirando a su novio con una sonrisa emocionada.
Su atención fue atraída por la llegada de la comida. Olía deliciosa y se notaba caliente, así mismo, los complementos fueron acomodados al centro de la mesa.
Le mire y achique mis ojos — sabias que los árboles de durazno tardan varios años en dar su fruta... —
Mi atención al igual que la de ella fue atraída por la comida que lucia realmente apetitosa. Tome su mentón y sonreí — provecho —
Comimos bastante animados por los sabores, todo fue tan ligero y delicioso que sin duda pensaba regresar cada que me fuera posible y quizá traer a los chicos.
— ¿Quieres algo más? — le mire
Negó despacio, todo había tenido un sabor delicioso, sosteniendo una amplia sonrisa. —No, a penas y queda espacio en mi estómago para dakkochi. — su risa fue sincera, recordando las palabras anteriores de su novio sobre que este podría ser un contrincante en su amor por ella.
—Aunque dudo que el dakkochi pueda incluso acercarse al amor que tengo por tí, aun quiero comerlo.
Su vista se fijo por un momento en el par de huesos de los duraznos, tomando uno.
—Park JinYoung, no me importa si se lleva 15 años en dar frutos, yo estaré contigo para regar la planta, verla crecer, podarla, observar sus flores rosas y blancas y... Cortar sus primeros frutos cuando eso pase. Aunque si tienes un punto... Creo que la universidad no es opción para plantarlo. Cuando nos graduemos será complicado regresar.
Suspiro, cruzando sus brazos al recargarse en el respaldo de la silla, pensando en otro lugar para el cometido.
Le mire y una sonrisa se formó en mis labios, realmente ella era especial, siempre, aún si no lo deseaba, lograba acelerar mi corazón — cuando tengamos nuestra casa... plantémoslo ahí — me detuve un momento antes de ir a pagar para después salir del lugar
Volví a hablar una vez que estuvimos en la calle — ¿Te parece bien esa idea? — tome su mano nuevamente esperando por el taxi que nos llevaría cerca de la universidad a comprar el dakkochi
—Me parece, plantaremos muchos árboles de durazno en nuestra casa— Sonrió en acuerdo, subiendo al taxi con ayuda de su novio una vez que este llegó para llevarlos.
Cuando su persona nuevamente bajó del taxi, al estar cerca de la universidad, podía encontrar algunas caras conocidas que sin duda, los observaron curiosos ante la sudadera de pareja, entre una sonrisa emocionada, no dudo en saludarlos, abrazando al castaño del brazo y caminar hacia el puesto de dakkochi.
—Dakk.. ¡Dakkochi!— Tarareaba, feliz al acercarse.
Seguí sus pasos hasta el puesto que mostraba lo que ella tanto deseaba, saludando en el camino a nuestros compañeros, era sorprendente lo mucho que llamábamos la atención con el conjunto de pareja, pero, no me incomodaba, me sentía tranquilo a pesar de ser el centro de atención.
Quizá más de uno ya lo suponía o intuía, aunque era totalmente nuevo para nosotros, incluso aceptar nuestros sentimientos fue toda una travesía, pero aquí estábamos, juntos y enamorados
— ¿Cuantas banderillas comerás esta vez? — desvíe mi mirada a su rostro iluminado
Soltó una carcajada, llevando su mirada hacia su novio.
—Lo dices como si comiese 10 siempre... Espera... Creo que es lo que comí la vez pasada... Pero solo serán... Cuatro— Mostró cuatro dedos divertida, llegando al puesto y sin dudar, tomar una de las banderillas y llevarlas a su boca, sonriendo feliz.
—¿Tú no quieres una, amor?— Preguntó, mientras tomaba con su mano libre otra.
Negué con una leve sonrisa — no, creo que por hoy he tenido suficiente, pero tú disfruta, se lo mucho que te gustan —
Pague su consumo y me quede en silencio, dejando que terminara.
Busque con la mirada algún puesto de postres, quizá después de todo algo dulce no me vendría mal — tengo deseo de algo dulce, ¿crees que por aquí encuentre un beso de ángel? — le sonreí
Estaba en la última de las banderillas que comería, sonriendo ante la pregunta y tras dejar la basura donde correspondía, observó al más alto, señalando sus propios labios.
—Justo aquí —Soltó una baja risa, incluso, el dependiente carraspeo su garganta, por lo que solo inclinó un poco su cabeza en disculpa y jalando al castaño lo llevó a seguir caminando.
Solte una risa y me disculpe también obteniendo la misma expresión
— ¿Me darás solo uno? — le mire mientras caminábamos en busca de algún puesto — ¿crees que encontremos fresas? — me gustaban mucho cuando eran cristalizadas con azúcar aunque sabía que sus favoritas incluían chocolate o crema
—Te puedo dar unos 10— respondió entre una sonrisa, mirando al rededor en busca de alguna postrería, notando que había una justo donde ella aseguraba, no había antes.
—Oh... ¿es nueva?—Preguntó al detenerse frente al renovado local, parecía tener una amplia variedad en postres, así que se adentró, debería haber fresas cristalizadas como las que le gustaban al castaño.
—Es linda y mira, tiene tus fresas en el menú... Y mil cosas más— Dijo, mirando el menú colocado tras el mostrador.
— Oh, este lugar me agrada — asentí — llevemos esas y otras para ti. Quizá más tarde puedas comerlas — observe el menú — ¡mira! — dije totalmente emocionado — ¡tienen postres de sandía! — sonreí al instante — llevémosle unos a Jackson ya que le veremos más tarde — asentí nuevamente — se que le encantarán — ordene todo lo que queríamos y después de pagar salimos del lugar, con un par de postres más por si alguno de los chicos tenía antojo de algo similar
—Excelente compra— Asintió, ayudando con una de las bolsas donde cargaba su abrigo, caminando esta vez de regreso a la universidad.
—¿Deberíamos ir a la sala común?— Ladeó su rostro, entrando al campus y dirigirse al edificio de los dormitorios, no tardando en llegar y sentarse en uno de los sillones libres. Ciertamente llamaban la atención de los estudiantes con su ropa de pareja, pero no le importaba. En cambio, simplemente se aferró al brazo del contrario, acomodándose contra su cuerpo.
Coloqué en la mesita central los postres que había comprado para el resto de los chicos y coloqué cerca los del mayor — desde la fiesta no he visto a los demás — pestañeé observando a mi alrededor uno que otro rostro — se que Jackson está con Bambam... pero los demás, ni idea —
Envié un mensaje a Jackson para que supiera donde nos encontráramos y se nos uniera después con BamBam
— Le avise a Jacky... — le observe y acomode un mechón rebelde — ¿le avisaras a las chicas? ¿Crees que quieran un pastelito? —