ㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤ here’s to all the things i lost on you.
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ18022020.
Scotland, United Kingdom.
Glasgow.
55°51′36″ N 4°15′0″ O.
No soy buena para expresar mis sentimientos a través de palabras. Jamás lo he sido, pero al menos antes me resultaba un poco más sencillo saber la manera correcta de iniciar con una carta, con un mensaje o hasta con una llamada. Ahora no me queda nada de eso. De hecho, aunque no me lo creas si alguna vez llegas a leerlo, he escrito el inicio de esta carta ya tres veces, pero cada vez que avanzo un poco la borro porque me siento estúpida y no me gusta el camino que mis palabras toman. Atribuyo esto a que me encuentro cansada, mental y físicamente, y a que últimamente he sentido un gran vacío donde antes solía hallar con apresuro las palabras correctas para hablar. Estoy haciendo un gran esfuerzo en este instante, a la una con cincuenta y tres minutos de la madrugada, mientras miro este trozo de papel y la profano con la punta de la pluma que con tanta fuerza sujeto, tanta que siento que en cualquier momento la condenada se va a reventar y hará un desastre con la tinta. Quiero dejar claro algo desde ya y es que no es mi intención entrometerme en tu nueva vida, tampoco escribo para pedirte que por favor vuelvas ni planeo suplicar que me des tu amor de nuevo cuando es claro que ese (si es que lo tuve alguna vez) ya no me pertenece. Mi motivo para escribirte es que necesito deshacerme del peso que cargo en mi pecho a diario y que simplemente me impide cerrar los ojos para gozar de una noche de descanso, de descanso real, no de la clase que hasta estos días he estado teniendo en la cual paso más en vela que dormida. Y sé que dicho peso no desaparecerá hasta que sepa que te haga llegar esta carta con todo lo que tengo por decirte, y no pude hacer la última vez que charlamos antes de que te fueras de mi vida para siempre.
He pensado mucho últimamente acerca de aquel tiempo en el que estuvimos juntos, felices, tan felices que sentíamos que nos moriríamos. Pensar en ello y compararlo al presente vuelve todo un poco más horrible, en especial cuando me doy cuenta la facilidad con que todo se fue al diablo. Lo admitiré ahora y solo ahora: es difícil. Es difícil ir a la cama por las noches y saber que el otro lado se quedará solo, vacío y frío. Es difícil saber que al despertar no tendré tus brazos a mi alrededor y que tus ojos no van a ser lo primero que vea al abrir los míos. Es difícil saber que al regresar a casa, nadie me va a esperar. Es difícil porque sé que ese es solo mi caso. La soledad me está matando lentamente y he de admitir también que la situación ha sido más desesperante de lo que me podría haber imaginado; extraño el calor de tu cuerpo junto al mío, la sensación de tus brazos apretándome con fuerza o lo que experimentaba cuando en plena noche me acercaba a acurrucarme contra tu pecho para protegerme del frío que ahora me es imposible combatir. Echo de menos poder sentir tus manos recorrer mi espalda o la forma en que me sujetabas de la cadera para acercarme a ti. Extraño tus labios contra los míos, contra mi piel, despertando pequeñas sensaciones que me enloquecían de la mejor manera. Extraño poder decirle a alguien que lo amo en una habitación llena de gente y escucharlo de vuelta. No obstante, y para desgracia mía, no logro mucho con extrañarte, pues eso sólo provoca que me la viva a base de recuerdos. Dudo que alguna vez te hayas sentido así. Desesperado, como yo, por tener el mínimo contacto físico con alguien. Llevo ya muchos meses con esa necesidad de saberme querida, valorada, necesitada... Pero no por cualquier persona. No. Por ti. Lo peor del caso es que sea como sea, eso ya no importa. Yo me quedé aquí, sola, y tú allá con otra.
Si soy sincera, siento que me ahogo cada vez que recuerdo la forma en que acabó todo. Sé que fue lo mejor porque no estábamos destinados a seguir juntos, pero inevitablemente una parte de mí se muere cada día un poco más ante la repentina desolación que ahora me rodea. Y no lo digo, no lo digo porque todos quieren verme bien, e incluso admito que he tratado de engañarme a mí misma al fingir que todo está de maravilla. Pero no es verdad. Nada podría estar peor. Tengo el corazón hecho mil pedazos y no sé por dónde comenzar a juntarlo. Así que sólo me frustro, me echo al suelo y lloro en silencio hasta que por fin me calmo y puedo levantarme para continuar fingiendo que nada de esto sucedió. En horas como estas es peor. La sofocante necesidad de llorar, de gritar y de huir crecen conforme nos adentramos en la noche. Pero si algo sabemos los dos es que huir jamás fue una buena solución ¿cierto?Y jamás podría serlo, porque tarde o temprano la vida vendrá a golpearme con las consecuencias. Quisiera revertir el tiempo, a veces para evitar que rompieramos y a veces, aunque me cueste admitirlo, para evitar habernos conocido y así ahorrarme todo esto que ahora siento. Sin embargo, si me lo preguntas directamente, no me arrepiento de eso último… Sé que mi vida sería quizás más lúgubre y triste si jamás hubiese tenido la oportunidad de conocer el amor, el verdadero amor, ese que te llena el alma y que cuando se acaba te deja así como me ha dejado a mí.
En fin, eso no es lo importante, ni tampoco es la razón por la que esta madrugada decidí tomar hojas y lápiz para por fin sacar todo esto que he acumulado. Como dije en un principio, no puedo dormir. No logro disfrutar de casi nada y siento que me he convertido en alguna clase de fantasma, o quizás un robot, algo incapaz de experimentar las sensaciones que solo los humanos podemos gozar de sentir y entender. Y no es justo, porque debería poder disfrutar de la vida. Debería poder levantarme cada mañana con una sonrisa en el rostro, en especial ahora ¿sabes? En especial ahora porque estoy a punto de incursionarme en un camino que creí que jamás podría tener de nuevo. O bueno, en realidad, ese camino ya lo he iniciado desde hace algún tiempo, pero no me atrevía (o no quería, en realidad) entenderlo por completo. Lo que diré a continuación es bastante serio y sé que va a cambiar muchas cosas en ti, quizás, si es que alguna vez yo te llegué a importar realmente. Si se te ha entrecortado la respiración en este instante como a mí cuando lo supe, por favor, trata de respirar y busca donde sentarte. Lo único que te pido es que no dejes de leer, que llegues hasta el final de este mi pobre intento de compartir esta noticia contigo.
Sé que quizás tuve que haberlo dicho antes, que tuve que haberte avisado cuando los síntomas comenzaron, pero me acobardé. Me acobardé porque sabía que la existencia de un hijo o hija iba a bastar para que te quedaras conmigo cuando era claro que ya no querías. Me acobardé porque sabía que quizás ibas a culparme, a juzgarme, a decir que intentaba atarte, cuando lo cierto es que yo estaba, y estoy, igual de desconcertada que tú. Lamento no haber sido valiente entonces, pero lo estoy siendo ahora. Por si hace falta confirmarlo con palabras directas: sí, estoy embarazada desde hace cinco semanas. Yo lo he sabido desde hace cuatro, pero créeme, el tiempo no ha hecho una diferencia en apaciguar mi ansiedad y mis nervios ante la idea de convertirme en madre soltera. Tengo muchas dudas y miedos, tengo centenar de inquietudes acerca de si seré capaz de lograrlo o no, pero estoy haciendo mi mayor esfuerzo. Aunque tengo 25, me siento como una bebé a punto de tener un bebé también, motivo por el que he decidido abandonar Nueva York y regresar a casa de mis padres, pues así al menos no tendré que continuar con todo este proceso yo sola. Papá está bastante feliz, preocupado, pero feliz al fin. Creo que la idea de ser abuelo le ha gustado mucho, y mi madre ni se diga. Está tan entusiasmada que planea desde ya gastarse todo su dinero en comprarle hasta los atuendos más ridículos que encontremos en las tiendas. Sé que lo hace de buena fe, por supuesto, pues ser abuela fue siempre uno de sus mayores anhelos y yo no puedo negarle el disfrutar de esta experiencia incluso si yo todavía no comienzo a hacerlo del todo.
Creo que de más queda decir que estoy asustada, pero tampoco negaré que la idea de ver mi cuerpo cambiar y transformarse mes a mes me ha hecho mucha ilusión los últimos días. No puedo evitar preguntarme cómo será o si tendrá tus ojos o tu cabello lleno de rulos. Si será como yo o sacará alguno de mis defectos. Eso es lo que más me atemoriza, que herede solo lo peor de mí, pero incluso si eso pasara sé que lo (o la) amaré con todo mi corazón. Si su estado te interesa, está maravillosamente. Latidos fuertes, tamaño preciso y ninguna complicación. Aún cuando me cuesta mucho levantarme de la cama por las mañanas, hago mi mayor esfuerzo por cuidarme tanto como puedo. No me esfuerzo mucho físicamente en el trabajo y mis visitas al gimnasio se han convertido en unas menos excesivas a lo que acostumbraba. Yo también estoy bien, en general, sin contar todo lo que te he descrito ya al comienzo de la carta. A veces lloro, porque siempre supiste lo importante que era poder tener una familia unida para mí, lo mucho que anhelaba dar eso a mis hijos… Pero estaré bien. Sé que él o ella tarde o temprano lo comprenderá y, quien sabe, quizás pueda darle estabilidad familiar más adelante. No te pediré que formes parte de su vida. De hecho, no quiero que lo seas a menos que sea porque te nace del corazón y no porque sientas alguna clase de culpa o responsabilidad. Tampoco te pediré dinero, pues como dije he comenzado a trabajar y mi familia también está contribuyendo. Quiero aclarar también que esta noticia no tiene qué ni cambiará nada de lo sucedido entre nosotros. Ninguno de los dos ha planeado esto, incluso si mantuvimos charlas al respecto varias veces, pero nada de eso importa porque ya tomamos la decisión de seguir con nuestras vidas por aparte. Yo siempre dije que sería capaz de sacar adelante a mis hijos.
Si algo que me es más difícil que iniciar con cartas es concluir con ellas, pues siento que no he dicho suficiente o que quizás dije demasiado. Como sea, ahora solo puedo decir que espero que donde sea que te encuentres, estés bien. Que la vida que decidiste llevar sea la que siempre mereciste y con la que siempre soñaste, ni yo ni nuestro futuro hijo o hija va a interferir en ello. De hecho, luego de enviar esta carta, no volverás a escuchar nada más de mí tal y como en algún momento me pediste. Reitero, nosotros estaremos bien aquí y no te involucraré en nada de esto.