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No pueden borrarse
La pequeña y mediana minería no es una actividad criminal. De ella viven en Colombia más 500 mil personas.
Por Jorge Enrique Robledo
En la audiencia pública sobre el uso del mercurio en la minería, citada por la senadora Maritza Martínez, ponente del proyecto de ley que establece la erradicación del uso de ese elemento, el problema tiene más complicaciones de lo que parece a simple vista, por lo que no caben las soluciones prohibicionistas, tipo bala-de-plata. Nadie discute que el mercurio es una sustancia tremendamente tóxica y que la minería daña el ambiente, pero lo racional es investigar cómo se corrigen sus efectos nocivos.Proscribir drástica e intempestivamente el uso del mercurio en las explotaciones auríferas acabaría de raíz con la pequeña y mediana minería. En vez de una ley prohibicionista buscar alternativas viables y de acompañamiento a los mineros, tal como lo propone el Pnuma, Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas, que sugiere educar a los mineros, fomentar el uso de retortas y otros equipos aptos para reducir la liberación de mercurio al ambiente, y retomar experiencias internacionales como las de Perú y Chile. Segovia, en tan solo dos años pasó de 13,6 microgramos de mercurio por metro cúbico en el aire en 2010, a 2,85 en noviembre de 2012. Allí se ha desarrollado un proyecto piloto liderado por la ONU y las autoridades regionales para reducir los usos y efectos nocivos del mercurio mediante la implementación de un proceso alternativo creado por la Facultad de Minas de Universidad Nacional de Colombia en Medellín, proceso que ha contado con la participación activa de mineros de la región. La pequeña y mediana minería no es una actividad criminal. De ella viven en Colombia más 500 mil personas. Lo dice el párroco de Caucasia: «Sin minería no hay economía» y lo afirma el comandante del Ejército en el Bajo Cauca, «La mayoría son personas de bien». Invito al Gobierno nacional a que cese en su empeño de borrar del mapa a los pequeños y medianos mineros. Se necesitan salidas reales para que en el país convivan la pequeña, mediana y gran minería.
Jorge Enrique Robledo Arquitecto, profesor y político colombiano, senador de la República, miembro del Polo Más artículos de este autor
Para entender el paro
Por Jorge Enrique Robledo
¿Cómo explicar que cien mil cafeteros honrados, inteligentes y trabajadores de once departamentos hayan tomado la muy difícil decisión de pararse en las carreteras de Colombia, al sol y al agua y bajo la fuerte represión oficial? Santos y Juan Camilo Restrepo explican el paro por manipulaciones de distinto orden, cuento insostenible que implica considerar idiotas a los campesinos, indígenas, empresarios y jornaleros apostados en las vías.
Otros pensamos que lo que precipita un fenómeno sin antecedentes es que en las zonas cafeteras cunde el hambre, el desempleo, la desesperanza y la irritación, por causa de varios factores: la baja simultánea, y en proporciones del 40 por ciento en cada caso, del tamaño de la cosecha y del precio interno de compra, que imponen producir a pérdida. La tormenta perfecta.
También cuenta en la gran fuerza del movimiento la insondable soberbia y torpeza con la que el Gobierno ha respondido a las peticiones del Movimiento por la Dignidad Cafetera. Porque fue incapaz de entender lo que se venía y no tomó correctivos de fondo, a pesar de las señales: debates en el Congreso, plantones en varios departamentos y en Bogotá, un aviso pago en noviembre en El Tiempo que advirtió que iban hacia un paro, el casi inicio de un cese de actividades en el Huila y la movilización cafetera a Manizales en agosto, con treinta mil productores de todo el país y que acompañamos una decena de congresistas de todos los sectores políticos, la cual aprobó enviarle un petitorio a Santos, que este nunca respondió. Apenas 48 horas antes de la hora cero del paro el Gobierno habló de reunirse con los líderes, pero con el propósito de sabotearlo.
Una vez iniciado un reclamo de tanta envergadura, Santos y el ministro de Agricultura insistieron en su soberbia y torpeza: dijeron que solo hablarían con la Federación de Cafeteros, organización a la que precisamente no le hacen caso quienes decretaron el paro. También como provocándolos, anunciaron como “solución” una mal llamada Constituyente Cafetera, nombre rimbombante y falaz con el que intentan ocultar su carácter demagógico y que hace recordar al jefe de los bomberos que llega ante una casa en llamas y propone hacer un estudio.
Para completar el absurdo, nombraron como encargado de darle salidas a la crisis general del sector a alguien tan fanático del dogma neoliberal que fue capaz de decir que “en todos los países exitosos se revalúa la moneda”, cuando la revaluación les quita en pesos a los cafeteros el 40% del precio de venta de su café en dólares y está destruyendo la totalidad de la industria y el agro nacional. Como de locos. Pero peligrosos, porque están en el poder.
Como otra astucia, dadas las circunstancias, Santos y Restrepo se empeñaron en exagerar las transferencias del gobierno al sector y quisieron obligar a los cafeteros a aceptar que esa suma tenía que ser suficiente, cuando la amplitud y fuerza de la rebeldía demostraba que no era así.
En el debate en torno al paro, la tecnocracia neoliberal –que no se gana la vida en el agro ni en la industria sino en la intermediación financiera– dice que los cafeteros, y resalta a los empresarios, son unos incompetentes que abusan del respaldo oficial. Varias cosas silencian: el problema del café no es sectorial sino nacional, las transferencias de los caficultores al país han sido mayúsculas, la ruina de hoy obedece a una revaluación que ningún esfuerzo personal puede remontar y los cultivos permanentes en crisis terminan por apresar en la sin salida a sus propietarios, también víctimas de que las tierras cafeteras no son rentables en otro producto.
Mientras escribo estas líneas, el gobierno, por fin, está negociando con los dirigentes de Dignidad Cafetera. Hago votos porque Santos acepte que le toca firmar un cheque importante a favor de los cafeteros. Y porque se inicie un gran debate en torno a si Colombia tendrá café, agro e industria o si se especializará en minería, como en la práctica proponen los partidarios del libre comercio.
Mucho de lo dicho atrás se cumple con los cacaoteros –además víctimas de las importaciones de cacao que les tumban el precio–, que también salieron a las carreteras, tras no atendérseles sus reclamos. El gobierno también debe darles soluciones efectivas.
Jorge Enrique Robledo Arquitecto, profesor y político colombiano, senador de la República, miembro del Polo Más artículos de este autor