Juntando llaves
Pasar el control de migración y darte cuenta que no llevas ni una sola llave en tu bolsillo. Nada que abrir ni que cerrar. Me ocurrió cuando hace ya unos años dejé las costas españolas y me ha vuelto a pasar al trasladarme hace unos meses a Alemania. Llegas teniendo que abrirte muchas puertas, pero sin una sola llave. Poco a poco mi pobre llavero ha ido tomando forma; primero la llave del candado de la bicicleta, después la del trabajo, la de la taquilla … algo más tarde la llave del buzón y de la entrada de la nueva casa y ahora por fin se une la del vehículo. Cinco meses tras el asalto, vuelvo a estar motorizado.
Los Mini-Disk que me he encontrado en su interior demuestran que no es exactamente un último modelo pero estoy seguro de que será un estupendo corcel para descubrir estas tierras llenas de granjas, campos, bosques, carreteras y empresas. Ahora mientras conduzco escucho una selección musical ajena, de la misma forma que en mi nueva casa una mujer misteriosa ha ido dejando su rastro en los lugares más insospechados. Ella dejó sus huellas, sus ilusiones, su gusto y se ve que él no tuvo valor para borrarlos. Me toca a mi remover todo ese rastro de un pasado de final tormentoso y darle nueva vida a esos objetos. También he adoptado una multitud de plantas que me esperaban en mi nuevo hogar. Me alegra poder hacerme cargo de ellas. Yo, que he ido dejando y regalando plantas en los últimos 20 años me encuentro de pronto con una multitud de flores, helechos y plantas necesitadas de cuidados. Es bonito.
Voy juntando llaves … es decir … tengo puertas que abrir y que cerrar. Vuelvo a conocer personas, destinos ... historias. Una cierta rutina empieza a hacerse dueña de mis días mientras espero la oscuridad para conectarme con el otro lado del oceano donde dos bellas sonrisas me aguardan …. todos contamos los días … ya queda menos.











