Keyrafic -prologo: 6 años-
Aún recuerdo la primera vez que le vi. Estaba sentada en el porche de mi nueva casa, con los pies colgando entre las barandillas de madera blanca, y observando el huevo de Eevee que descansaba en mi regazo. Él era mayor, obvio, con el pelo rubio completamente revuelto y cubierto de tierra. Me miraba curioso, tanto a mí como al huevo que abrazaba con fuerza, casi con miedo de que se lo llevara de mi lado.
Pero un niño no deja que la timidez le asole, y enseguida se acercó. Alzó sus ojos grises hacia mí y pude sentir mi estómago revolverse por la emoción. Su sonrisa era muy contagiosa.
— ¿Es un huevo pokémon?— Por suerte la obviedad tampoco era algo que molestase a los niños, por lo que asentí y ensanché mi sonrisa.— ¡Hala! ¡Qué pasada!
Apreté los labios y volví a asentir. Me costaba dejar a un lado la timidez.
— ¿Cómo te llamas? Yo soy Seth.— Sonrió el joven, posando una mano sobre la superficie ósea del huevo. Su gesto estaba cargado de una mezcla de miedo y ternura. Debía ser el primer huevo pokémon que veía, al menos uno tan de cerca.— ¡Está caliente! ¿Qué pokémon es?
Sonreí orgullosa, sabía que los huevos pokémon necesitaban incubarse para que eclosionaran más rápido, así como estar en compañía de varios pokémon. Por eso pasaba mucho tiempo en el local de las chicas kimono, donde solía pasar la mayor parte del tiempo antes de ser adoptada. En el fondo no podía separarme del todo de mi pasado.
— Soy Keyra. Encantada- Moví un poco el huevo en mi regazo, acariciando su cáscara e imaginándome que el pokémon en su interior podía sentir el gesto.— Es un Eevee… O bueno, lo será cuando nazca. He leído que tiene que estar entre pokemons, pero ahora mismo papá Salix se ha ido a trabajar y se ha llevado a sus pokémons con él…
— Oh…— Tal vez justo se dio cuenta de que no llamaba a mi padre “papá” ni ningún mote cariñoso. Puede que no supiera que aún faltaba mucho para sentirme totalmente cómoda con mi nueva familia, pero por suerte no hizo un solo comentario al respecto. Tal vez no le dio la misma importancia que a mi- Mi hermano tiene un Growlithe en casa, si quieres podemos quedarnos a su lado para que esté caliente y nazca antes.
Mi rostro se iluminó. Todavía recuerdo la ilusión que me dio aquel momento, aquella dosis de altruismo por su parte, cuando casi todo el amor que había recibido provenía de unas bailarinas mucho mayores que yo. Él, sin embargo…
Y creo que en aquel momento no fui consciente de lo que ese gesto supuso para mí. Pero fue el principio del cambio.
Mis ojos brillaron cuando salté del porche a su lado, cogiendo con fuerza el huevo y caminando un poco por detrás de Seth. Él no parecía notar que estaba nerviosa, y seguía hablándome a medida que entrábamos en su casa, que quedaba casi enfrente de la mía.
Growlithe estaba en el salón, durmiendo en un improvisado nido de cojines que había en una de las esquinas de la habitación. Con sumo cuidado, Seth y yo nos acercamos y entonces él se giró hacia mí, extendiendo la mano hacia el huevo de eevee.
—¿Puedo cogerlo?
Asentí, tendiéndole con cuidado el huevo. Noté sus manos cálidas y me sonrojé un poco. Todavía no sabía nada más que su nombre, que tenía un hermano y que era mi vecino, pero estaba tan nerviosa que mi estómago parecía tener vida propia.
Dejó el huevo junto a Growlithe, que instintivamente se enrolló a su alrededor, protector. Sonreí emocionada, creyendo que tal vez Eevee nacería en ese instante.
— Bueno, ahora… ¿Quieres un helado y venir a mi habitación?
Yo sonreí. Creo que nunca me negué a nada de lo que me dijo.
Y quien sabe si ahora podría.