Aka cuando preparas una trama pero tiene una escena previa y la organizas tu según una serie de pautas que te dan. Continuación del monorol #1 y previo al rol per-sé
Tres semanas. Ese había sido el tiempo que había estado esperando el momento perfecto. Burnett estaba actualmente reunido con la aseguradora que hacía el peritaje de los daños. Y manda narices que no le hubieran dicho nada a ella, que era quien había perdido su trabajo junto a otros compañeros. Habían volcado todos los datos del ordenador donde trabajaba y borrado su memoria. Pero no estaba ahí para pedir una compensación, sino para buscar pruebas. Aprovechando esa reunión, Keyra se coló en el pasillo de despachos, completamente vacío a esas horas de la noche. La mayoría de los investigadores que quedan en el centro de investigación estan en el laboratorio esperando que sus pruebas terminen. Es el momento indicado.
Saca a Espeon de su pokéball. El pokemon psíquico no tarda un segundo en darse cuenta de lo que quiere la joven. Sus ojos se vuelven azul intenso y emitiendo un brillo sobrenatural, la cerradura del despacho de Burnett se abre sin oponer resistencia. No puede evitar esbozar una sonrisa cuando la puerta se abre, aunque ni siquiera sabe por dónde empezar a buscar.
El ordenador se desbloquea con facilidad: tiene una de las contraseñas base que dispone la empresa. Al cambiar de ejemplar cada poco tiempo es una práctica común. Sin pensarlo un segundo salta a la carpeta temporal del correo: no podrá entrar a su cuenta sin una contraseña (que duda conseguir) pero sin embargo sí sabe buscar en la caché de un ordenador en busca de correos que puedan destapar la mentira. Ese fue uno de los secretos que le transmitió Caleb, del departamento de informática, en la fiesta de navidad del año pasado. Burnett tal vez debería haber asistido, si pensaba vender a toda su empresa, para cubrirse las espaldas. Pero mejor para ella.
Un doble click le abre los planos de la zona de investigación, un adjunto a un correo que no pertenece a la empresa. Copia los datos a una memoria externa y se los reenvía a sí misma, asegurándose el tener una copia por si pierde la otra y trata de ir borrando su rastro.
La puerta chirría al abrirse un poco y Keyra alza la cabeza, el corazón acelerándose de golpe. Burnett no dice nada al verla, cerrándola tras su espalda y suspirando con aire cansado.
— ¿Qué haces aquí, Keyra?— Pregunta, sorprendiendo a la joven.
Él ríe, una risa tan seca y carente de emoción que hace que un escalofrío recorra la espalda de la joven. No otra vez, no puede paralizarse. Tiene pruebas: pero quiere respuestas.
— Tengo tendencia a conocer a la gente con la que trabajo.
Ella alza una ceja, discrepando con su opinión, pero calla.
— ¿Qué te ha traído a mi despacho?— Vuelve a preguntar él.
— Sé que me has vendido.— Replica, apretando los puños. Señala la pantalla del ordenador, donde la copia del correo aparece ante los ojos sorprendidos del investigador. No parece decir nada y la joven se impacienta— ¿Algo que objetar o llamo a las autoridades?
Entonces se derrumba de rodillas frente a ella, perdiendo todo ese porte serio que parecía tener. Tanto ha cambiado su actitud que Keyra, petrificada, solo puede observar la escena con los ojos como platos.
— Fue una trampa, Keyra. Era tu investigación o mi familia.— Comenta, con la voz tan rota que ni siquiera sabe si es mentira o una triste verdad que intentaba ocultar.— No podemos hablar con la policía, tienen hombres en todas partes, saben ocultarse bien. ¿Por qué crees que la policía no llegó a tiempo? ¿Acaso crees que la policía es leal al pueblo?
Una risa queda, carente de emoción pero en un sentido muy distinto al anterior, hace que la sangre de Keyra se hiele de miedo y dolor. Sacude la cabeza, no sabe si creerle, no sabe si es todo un juego. ¿Y si simplemente se está cubriendo las espaldas?
¿Pero y si ese Sorrow lo estaba haciendo también?
— Tienes que ayudarme, Keyra. Ahora sabes mi secreto. Tienen a mi familia.— Murmura, tomando sus manos mientras le implora ayuda.— Tal vez tengamos una oportunidad si lo intentamos juntos. Al menos, por favor, no digas nada hasta que lo intente. Son mis hijos los que están en esa sede, y serán los primeros en morir si sospechan de mi.
La garganta de Keyra está tan seca que no puede hablar, solo escuchar con el rostro compungido. No puede negarle la ayuda, y si se adentran…
— Además, podrás recuperar tu investigación si lo conseguimos.— Dice Burnett, sabiendo tirar de las cuerdas indicadas para que la joven ceda.— Sólo… sólo dime que vendrás conmigo. En una semana, te daré la dirección de su sede. Ambos conseguiremos lo que queremos.
Keyra suspira, sintiendo que todo el aire de su cuerpo, y su rabia, se esfuman en aquel suspiro. Se pasa la lengua por los labios y traga saliva antes de hablar, todavía no muy segura de por qué accede a aquella treta. ¿Y si es todo un juego?
Tal vez no lo sepa hasta que lo intente.
— Está bien— Las palabras suenan como una sentencia cuando las dice. Burnett se pone en pie y mira a la chica completamente agradecido, abrazándola antes de que ella pueda evitarlo.— Te ayudaré.