"El agua está viva. Incluso cuando es tocada suavemente por la superficie y se extiende en silencio. Las débiles ondas que se producen pasan desapercibidas, pero el agua solo está conteniendo el aliento, esperando a su presa. Y si entras en ella, provocando tan sólo una leve salpicadura, en ese mismo instante, ella sacará sus colmillos y te atacará. Se envolverá alrededor de tu cuerpo, te arrebatará la libertad de manos y pies. Cuanto más luches contra ella, más persistente se enroscará a tu alrededor, y en poco tiempo agotará toda tu fuerza.
Sin embargo, si no luchas contra ella y entras preparado, el agua suavemente se convertirá en calma. En esos momentos, alcanza con tus manos el espacio sobre la superficie del agua y crea una abertura, a continuación, desliza lentamente tu cuerpo hacia adelante: los brazos, la cabeza, el pecho, el estómago y las piernas.
No rechaces el agua, acéptala. No la niegues, reconoce su existencia. Lo importante es sentirla, con tu piel, tus ojos, tu corazón y tu alma."