Cotidiano de besos: reseña de unos cuantos amores
KIRA KIRALINA
Una fuerza irresistible me empujaba hacia el espacio donde todo es movimiento, libertad y vida; donde el misterio de la existencia atrae al hombre y juega con él…
Lo itinerante de tu sonrisa me mareó esta noche; me hizo flotar en desiertos pálidos cargada de vino espumoso y unas ganas crédulas de llorar. Hoy te volví a ver entre los arrabales buscando a tu hermana; perdido, sollozando como un niño tierno a quien pretendí besarle hasta la expresión. ¿Por qué continuaste buscando día a día, mientras yo ahí, sin nada qué hacer más que perderme en la comisura de tus huellas? ¡Cómo odié tu búsqueda! ¡Cuánto quise hacer para protegerte! Y tú, terco, despabilando la vida en pasos; perpetuo, montando un corcel con tus alas de trigo naciendo de donde el látigo dejó sus llagas. Me enamoré de tus heridas y cicatrices, de lo vieja y dura que se hacía tu voz. Tuviste que permaneces preso, refresquero mío, para que tus ansias mermaran. Te quise ver pleno y lúcido, pero no logré ni lograste engañarte. El amor se guarda como un cartucho en el ático, obstante, sigue ahí; amarrado a un mordisco en la punta de un pezón, en el hueco más claro de tu sonrisa, en tus historias chuecas y mal contadas; flotando ente un salep amargo que se desliza por el tórax... Jamás la olvidarás, ahora lo sé, por mi parte ya sólo en un beso te guardo…











