Ella era pequeña... Pequeña, ingenua, tierna y risueña... Tenía tantas rabietas y tantas maneras infantiles. A veces fantaseaba con pasar el rato como por diversión a una edad despreocupada. Y a veces me colgaba de su cintura para estremecerme y saborear esa emoción única que me mantenía quieto. Ella era tan... ¡Tan libre, tan extraña, tan plena...! Y... Yo nada... La miré y me enamoré. Bárbara










