Ojalá que nadie te mire como yo lo hacía,
que no encuentre en tus ojos ese infierno en donde me gustaba arder,
que no observe tu caminar o tu mirada de frente;
que no mire fijamente tus labios carnosos donde cada pliegue es una forma más de inmiscuirse en una muerte desalineada.
Ojalá que nadie nunca encuentre tu figura recostada sobre sí. porque no sabrá cómo es la manera en que debe acoplarse a tu cuerpo;
que no descubra la candidez que se esconde en tu sonrisa.
que al caminar de tu mano se quede mejor atrapado en otro tiempo porque no sabrán apreciar lo terso de tus palmas, o los caminos que se forman entre tus dedos.
Ojalá… que
nadie se dé cuenta cuando estés desnuda porque, después de ello, ya no habrá regreso; al igual que yo, se perderán incesantemente entre tus formas, en tus manías, en tus miedos y no es que sea terrible perderse, es que no creo que sepan ni estén dispuestos a atesorar todo eso como yo lo hacía, como aún lo hago...

















