La culpa es de esas estrellas
¡Maldita sea la suerte de Milo y maldito el momento en que decidieron apostar esas jodidas estrellas doradas! Claro, todo había comenzado por un chiste y por su facilidad de apostar contra el de Scorpio creyendo que le ganaría (siendo que desde que ambos tenían memoria eran contadas las veces que el pelirrojo ganaba). La mirada de Camus estaba fija en las dos pequeñas cajas de caoba perfectamente talladas y decoradas con letras doradas con los nombres de Milo y Camus, correspondientes a cada una, parecía que el de Acuario estaba pensando más de la cuenta, su ceño se lograba a fruncir por escasos segundos, “No, no existe necesidad de perder el control por esto” oh si, Camus estaba tratando de engañarse así mismo porque desde que Milo llego con la caja que le pertenecía y esa sonrisa de victoria ya sabía que algo no terminaría bien, cosa que se reafirmo cuando el rubio le hizo entrega de una bolsa de alguna tienda departamental ( No preguntaría y no quería saber cómo es que logro conseguir aquello) al tiempo que solo le decía “Son veintitrés, puedes contarlas tu mismo y solo es la mitad de las que tengo”, mostrando un leve tic en su ojo derecho volvió a abrir la caja que llevaba el nombre de su amigo solo para contar nuevamente las estrellas…¿Cuántas veces ya lo había hecho? Ni idea, pero aun no lo creía y poder escuchar los pasos del causante de su “inquietud”, porque se negaba a llamarle vergüenza, caminado a las afueras de su habitación no le ayudaba en nada. Pero deberían de darle meritos, a pesar de todo aquello y el ligero movimiento de su parpado derecho ¡aun conservaba esa inexpresiva mueca!
— Podría ir y congelarlo para que esto se quede en el olvido, pero seguro el patriarca me tacha de traidor…una vez más…por atacar a un compañero de armas…merde—
Las opciones del Camus no eran muchas, sin mencionar que era algo así como un pacto entre ambos lo de cambiar las estrellas doradas por cualquier cosa… ¿Por qué solo no se habían quedado con los punto como con los otros caballeros?...cierto, era por su “algo” que compartían. Por primera vez desde que el pelirrojo estaba frente a los contenedores de madera llevo los dedos de su mano diestra a su rostro para sujetar el puente de su nariz como último recurso de no tomar la caja, salir de su habitación y arrojarla a la cabeza de su amigo. Se quedo así, sin mover ni un solo musculo, incluso su respiración se llego a pausar, pasados unos segundos se levanto para tomar la bolsa que antes Milo le había dado sacando así las escasas prendas que en ella se encontraban guardadas.
¿Por qué no le sorprendía en absoluto encontrar unas medias de red, un liguero, una diminuta trusa de encaje elástico (que no cubría lo necesario para llegar a llamarse ropa interior) unida a una especie de entrelazado que llevaba a un...top del mismo encaje elástico color negro del centro se desprendían dos listones para que lo atara a su cuello y no se cayera? Y no solo eso estaba en la bolsa, Milo había tenido el descaro de comprar una pulsera a juego con el listón violeta que decoraba la tela negra con pequeños moños. No hacía falta estar al lado de Camus o verlo para sentir como su cosmos se elevo haciendo descender la temperatura con brusquedad.
— ¿Por qué simplemente no compro un maldito vestido y tacones?, sus bromas cada día son peores —
Porque eso era, era otra de las bromas de Milo y en verdad esperaba que el cambio de temperatura le advirtiera al octavo caballero que si abría la boca o trataba de reírse terminaría como una estatua adornando el onceavo templo. Con “calma” dejo las escasas prendas sobre la cama, la mirada del pelirrojo prefería viajar a otro lado para no ver esa tela negra semi trasparente, por fin soltó mas del aire necesario formando un suspiro de resignación. Tomo su camisa de entrenamiento, que llevaba puesta en ese momento y tratando de hacerlo todo más lento de lo normal para que el rubio se desesperara y se fuera (cosa que no pasaría) la deslizo hacia arriba dejando su piel blanca expuesta, no tardo mucho en sentir ese incomodo calor en su rostro anunciando que ya se encontraba teñido de rojo, hizo sus hombros hacia atrás dejando que algunas de sus vertebras “se acomodaran” produciendo ese típico sonido de los huesos al tronar. El largo cabello rojo de Acuario cubrió su espalda y tras otro gesto de indignación, desabotono su pantalón y bajo la cremallera para poder retirar su pantalón junto al boxer ajustado color celeste que llevaba hasta ese momento quedando así completamente desnudo.
El pudor le estaba ganando, pero tenía que hacer aquello, era por su orgullo de caballero dorado y evitar claro posibles consecuencias que pudiera traer el faltar a algo pactado con Milo. Paso una mano por su rostro y subiendo la llevo hasta su cabello donde se perdió en las hebras rojas justo en el momento en que tomaba la trusa o lo que creía que era pues al tomarla se percato de que en la parte posterior solo tenía un delgado hilo que quedaría entre sus…Lo mataría, mataría a su amigo de la infancia…Fue un largo minuto donde se quedo parado con esa tela en una mano y completamente desnudo en medio de su cuarto antes de poder tener el coraje de ponerse la prenda inferior y luego el extraño top, solo basto la mano izquierda para llevar todo el cabello sobre el mismo hombro pudiendo así atar los listones que le impedirían a la parte superior deslizarse. Una vez Camus dejo bien sujeta la exhibicionista ropa volvió a acomodar su cabello y por fin tomo asiento a la orilla de la cama donde subió su pie derecho flexionando la rodilla hasta que esta choco contra su pecho para poder poner la media de red que solo llegaba a la mitad de la pierna; la red se deslizo con suavidad por su fría piel y muy al contrario de cómo se veía el encaje que llego a su pierna era muy terso, tomo las pequeñas tiras del liguero para ajustar por fin la media y repetir el mismo proceso con la pierna izquierda. En cuanto estuvo “listo” se coloco de rodillas y luego sus manos fueron a dar a la cama quedando en cuatro para ir a gatas hasta la mitad del amplio lecho (si, Camus no dormía en cama individual, así como su cava bajo el templo y su amplia biblioteca, era uno de sus pequeños lujos) una vez llego a la mitad se acomodo volviendo a sentarse, estiro un poco las piernas y fue cuando se dio cuenta, su miembro sobresalía, más bien salía por completo de la prenda negra, si su cerebro no explotaba en ese momento era porque la gracia de Athena era muy grande y lo impedía, coloco su mano derecha sobre su hombría en un vano intento de que no se viera más de lo necesario, coloco el codo izquierdo sobre el mullido colchón para recostarse un poco dejando así que su cabello se esparciera sobre la blanca tela que cubría la cama. El rojo de las mejillas del onceavo caballero no había hecho más que aumentar y la temperatura caer cada vez más, sin perder aquella pose alzo la voz para llamar a su rubio amigo y que entrara de una buena vez al cuarto.
—Listo… miloscorpius pasa de una vez, ríete y luego lárgate antes de que te vuelva un gran bloque de hielo, pudiste ahorrarte todo esto y solo decir que posara desnudo, tendremos que aclarar los términos sobre el siguiente cambio de estrellas —










