Chapulín en la fiesta y la Matraca en la cabeza
Mira, cuando recién salió la canción de La Matraca, no sé si la recuerdan, pero esa noche salí de fiesta con unos amigos y unas amigas. Entre risas, cotorreo y unos tragos, una morrita me hacía ojitos. Ya sabes cómo es la cosa, no soy guapo, pero soy simpático, y como dicen, “verbo mata carita”, ¡Apuntale, pa’! Total, nos perdimos un rato y nos dimos unos becerros. No fue nada planeado, solo el momento. Después, mi compa me cuenta que le gustaba esa morra y que quería quedársela. Le tuve que confesar lo que había pasado. Al principio se agüitó, pero le dije: “Equis, güey, yo paso”. Lo más cabrón es que nunca le tiro el pedo jamás la volvió a topar. Pasaron los años y un día me ve y me suelta: “¡Ora, chapulín!” Y no me aguanté, me meé de risa, porque cada vez que me lo dice, en mi cabeza empieza a sonar esa rola: “La Matraca, traca, traca, la Matraca, traca, tra, Matraca para abajo, matraca para arriba...” porque cuando me apañe a la morrita soba esa rola, ese pinche tonito, ese momento, todo lo que pasó esa noche. Siempre me hace recordar el desmadre.















