Goya 2018
Antes de nada, lo confieso: no he visto los Goya. Ni hoy, ni los años anteriores. Pero, mientras cenaba, se han colado en mis redes sociales varias noticias sobre los comentarios de algunos actores a la llegada de la gala. Durante las semanas previas a la gala de los Goya, ésta se había anunciado como “el año de las mujeres”. Así que las cadenas de televisión incluyeron una nueva pregunta entre la clásica lista de todos los años: “¿Es la gala un sitio para reivindicar?”. Permitidme que os conteste, cualquier lugar es un sitio para reivindicar. Si solo se pudiesen reivindicar los derechos en los sitios políticamente aceptados, seguiríamos en casa sin tener ni derecho al voto.
“Los Goya de las mujeres” nos han regalado una magnífica noche. Una noche perfecta para que volvamos a acostarnos con mal sabor de boca, a callarnos. Donde nos han recordado que tenemos que omitir el discurso feminista en los lugares en los que los hombres se sienten incómodos con él. En las noticias compartidas en las redes sociales me he cruzado con los comentarios de algunos actores como Arturo Valls, Miguel Ángel Muñoz y Antonio de la Torre.
La pregunta era la misma para todos, ¿es una noche para reivindicar? Arturo Valls señaló que le gustaría que en la gala se hablase más de cine, que no se marease con otros temas. Pobre Arturo, le tenemos mareado con el mainsplanning, las desigualdades, el patriarcado y los micromachismos. Parece que para él la representación de las mujeres en el cine español, la falta de las mismas, o el tipo de personajes que se crea para las mujeres no es hablar de cine. Dice muy firmemente que los Goya no son el escaparate para hablar de otros temas que no sean cine, nos quiere volver a mandar al rincón de callarnos. A veces se nos olvida que el discurso feminista no está aceptado en un lugar en donde incomodemos al privilegiado.
Luego leí los comentarios de Miguel Ángel Muñoz, que para mí quedó en el recuerdo como el machirulo de Un Paso Adelante, quien ofrece una respuesta similar a la anterior (¿a alguien le ha sorprendido?). No, los Goya no son el sitio adecuado para reivindicar. Chicas, estáis equivocadas y no sabéis vuestro lugar. Nos confirma que Arturo Valls tiene razón, esta noche es para reír, para beberse las copas gratis y, quizás, lanzar unos piropos a las chicas que han ido a la gala (probablemente a las que no lleven el abanico rojo). La gala de los Goya es una noche para pasarlo bien y disfrutar. Él tampoco quiere que le hablemos de feminismo durante esta gala, puede que tampoco quiera que le hablemos de feminismo después. No quiere saber nada del caso Weinsten, de la situación de sus compañeras de reparto en el cine, o del #timesup de los Globo de Oro. Allí se criticó a algunos actores por llevar la insignia siendo reflejo de la misoginia; aquí no permiten ni que se lleve el debate dentro de la gala. No queráis amargarle una noche tan bonita a estos actores con un discurso que les importa tan poco.
Apareció la luz con la sonrisa de Maribel Verdú, quien intentó calmarme el ánimo con sus palabras pero no lo consiguió. Obviamente, respondió que sí. Confirmó que la gala era un lugar para reivindicar y que cualquier acto que se realizase siempre sería poco. Hasta ahí, totalmente de acuerdo. Después de afirmar eso, tuvo que incluir a esos miles de hombres que permiten que esta lucha sea posible, la actriz tuvo que incluir a todos los hombres feministas en su discurso para no dañar sus egos. Me he vuelto a indignar. De repente el micrófono se dirige a Antonio de la Torre, a su lado, sonriente. De la Torre señala muy convincente que se le está preguntando por un discurso bastante profundo para decir algo rápido por la tele. Le doy la razón, quizás tenga demasiado que decir. Me parece una respuesta acertada. Luego lo estropea, no se olvida de mencionar que es importante la presunción de inocencia. Le preguntan por el feminismo y responde que es importante la presunción de inocencia, ¿la presunción de inocencia de quién?
Afortunadamente, el último vídeo con el que me encuentro es con el de Leticia Dolera. Apareció para calmarme. Cuando Joaquín Reyes, caminando entre el patio de butacas, intenta explicarle sarcásticamente qué es el mainsplaning, Leticia Dolera no le interrumpe, le da la razón. Solo al final le ha comentado con su desparpajo “Os está quedando una gala preciosa. Un campo de nabos feminista precioso”. Cuánta ironía encierra esa frase, ha provocado más risas que la mitad de las hombres que han hecho los chanantes durante la gala. “Un campo de nabos feminista”, suena aún más bonita en televisión. Un campo de nabos intentando ser feminista, vendiendo el feminismo como parte de su discurso. Vendiendo humo. La noche de las mujeres plagada de hombres protagonistas: encargados de la presentación, de las entregas premios, de las nominaciones... Unos hombres utilizando el feminismo para hacer humor, sin darse cuenta de que al intentarlo su monólogo parece cualquier otro chiste machista del repertorio español. No tienen ninguna gracia.
En algún momento de la gala ha aparecido Pepa Charro para inspirarnos. Estoy viendo el vídeo en bucle mientras me lleno de orgullo y pena al mismo tiempo. Lanza frases como balas que solo nos duelen a nosotras. ¿Cómo va a dolerle a ellos ganar un 40% más? ¿O que haya más guiones escritos para hombres que para mujeres? En el mismo discurso nos muestra la luz, nos enseña que la gala sí es un espacio reivindicativo y nos sumerge en la realidad que ni Miguel Ángel Muñoz, ni Arturo Valls querían conocer. Pepa Charro llegó al escenario para marearles, para mostrarles que su realidad paralela solo existe cuando están rodeados de un campo de nabos pero que sus compañeras no se enfrentan a la misma realidad.
La noche de las mujeres ha quedado resumida en “un campo de nabos precioso”. Ni siquiera le vamos a conceder el que haya sido un campo de nabos feminista.










