En 1490 Alicante se convierte en ciudad, con el control de impuestos y beneficios fiscales que esto supondría para sus habitantes. Además de tener un título, se ofreció a sus ciudadanos profesar una fe común a una reliquia, una identidad ideológica (o teológica). Existe la creencia popular que uno de los pliegues con los que Verónica limpió la cara de Cristo en su camino al Calvario, actualmente se conserva en el Monasterio de la Santa Faz, a las afueras de Alicante. No se han realizado estudios científicos de que este sudario sea verdadero, lo que sí es cierto es la devoción que aún hoy algunas personas locales profesan por la tela. El paño se conserva en un camarín tras el retablo mayor, cerrado por cuatro candados, dos llaves de acceso son del ayuntamiento, otras dos de la iglesia, separación de poderes.
El origen de la devoción a la Santa Faz de Alicante, según la tradición, se remonta al siglo XV, cuando el mosén Pedro Mena, cura de San Juan de Alicante viajó a Roma y en el Vaticano le obsequiaron con un lienzo de la faz de Cristo, al que se le atribuía la salvación de la ciudad de Venecia de la peste. Cuenta la leyenda, que el religioso lo guardó en el fondo de un arcón, pero siempre aparecía en la parte superior, y por ello decidió sacarlo en rogativa el 17 de marzo de 1489 por falta de lluvia. Al llegar al barranco de Lloixa el portador no pudo sostener el lienzo, y vio como brotaba una lágrima del mismo, constituyendo este su primer milagro regional. En este lugar fue construido el actual monasterio.
A causa del incendio de la fábrica de tabacos de 1840 pudieron morir hasta 5.000 de sus empleadas, solo fallecieron dos técnicos. Le atribuyeron el milagro a la Santa Faz, desde ese momento todas las cigarreras ofrecieron su devoción al sudario, celebrando los aniversarios del incendio con altares y flores dedicados a la Santa Faz.
Fotografías de la Colección Esteban Gómez Crespo.
La cigarrera Germana Roche Fayos relata los hechos:
“Una legión de ángeles, en forma de corona, sujetaba el lienzo de la Santa Faz. Su mirada de amor estaba centrada en la fábrica, en cada una de las cigarreras. Una mirada de amor y esperanza. Supo que nada malo le había sucedido a ninguna de sus compañeras. La Santa Faz las había protegido desde siempre, desde el principio del incendio hasta el final. Estaba con ellas o mejor dicho ellas estaban en Ella.
Cayó de rodillas al suelo en un acto sublime de veneración y amor, mientras unas lágrimas caían por sus mejillas.
-Faz Divina, Misericordia!
Alguien abrazó sus hombros y dijo con cariño:
-No temas, ella nos protege.”
Todos los últimos domingos de mes se celebra una bendición a los niños en la parroquia de Santa Faz, un ritual que sigue llegando la iglesia. Ayer durante la homilía en Alicante, en el Vaticano se celebraba un congreso sobre pederastia, en el que decidieron culpar a Satanás de estos actos.
Para promesas y peticiones se pueden donar monedas y billetes, encender una vela electrónica, o bien introducir la aportación en la caja que sostiene la figura de un monaguillo -con un dedo amputado- que custodia la reliquia.