Pies que cuentan cuentos
Dios me dio pies para avanzar. Me dio la habilidad de caminar, de moverme, de trasladarme. Gracias a mis padres por guiar mis primeros pasos. No fueron los mejores (ni los mas tranquilos) pero los di y hasta el día de hoy sigue así.
Me encanta porque a pesar de compromisos y de horarios o limitaciones, yo soy quien decido a donde voy con ellos. Me han llevado a playas, ríos, montañas, arenas secas y barro por igual. He pisado cualquier clase de materiales: paja, hierro, madera, tierra, algodón, y varios otros. En muchos lugares me he herido mis pies. Son valiosos pero no siempre los trato como debería. Tengo cicatrices que me recuerdan muchos malos movimientos, muchos malos pasos. También hay protección (callos) donde aun sigo recibiendo heridas pequeñas. Donde mi cuerpo me protege porque sabe que sigo recibiendo castigo. El piso caliente ya no me afecta tanto como antes. El estar descalzo me ha hecho crecer el pie, pero es que se ha ido adaptando a mi peso y mis movimientos. Necesitaba estos pies. Y siguen cambiando. Yo los dejo, ellos van acorde a mi vida. Dios los diseño adaptables.
Que placer es sentir los pies de mi esposa con los míos bajo las sabanas. Es recorrer su historia y con mis apéndices mas toscos sentir su piel suave y que aun así con sus cicatrices también, diferentes a las mías. Disfruto de sentir sus dedos moviéndose porque es su voluntad la que lo hace, es ella allá en su extremo sur diciéndome "te siento". Aun sus reflejos como las cosquillas. Yo no tengo siento ya cosquillas en los pies pero ella si y yo también me rio. Es como si fueran mis pies pero en ese otro cuerpo.
Pero llego a un punto de quiebre. Donde mi hija quiere tocar mis pies y como todo infante llevarlos a su boca. "¡No!" es lo primero que pienso, "¡Eso esta sucio!". Me da miedo que ella meta en su boca todo lo que yo he pisado o todo lo que el mundo que recorrí ha dejado en ellos. Me da miedo que ella vea por donde ha pisado su papa y hasta pena. Y a veces no encuentro las palabras para explicarle porque es peligroso o inapropiado donde estuve, porque si sabia sobre esos peligros estaba ahí, o porque aun continuo yendo. Lo que se es que no quiero que ella se llene de nada que cubra mis pies. No quiero que se ensucie los de ella y menos con las tierras que yo se que dejaron marca en mis pies, con las cosas duras que los cortaron y me hicieron sangrar.
Ella no. No quiero que deje su sangre donde yo la deje, pero sin embargo quiero que camine, que avance como yo. No puedo obligarla a tener zapatos siempre, yo mismo no los tengo. Tengo que recordar donde me hice estas heridas. ¡Es que ya ni me acuerdo! Solo me quedo la enseñanza de ser mas cuidadoso, pero no las recuerdo todas.
¡Oh, sorpresa! Muchas cicatrices las tengo desde que estaba con mis padres. Me voy acordando que ellos estaban ahí rondando, pero no amarrándome. Cuidando mis pasos, pero no todos. ¡Descubriendo la rueda aquí de nuevo! Cuidar sus pies ahorita es una tontería con enseñarle a cuidárselos ella misma cuando no este conmigo. Mis padres me enseñaron muchos cuidados. Menos mal aquí estoy pisando el camino que ellos también pisaron y de la mano de un Jesús que camina conmigo. El ha estado cuidándomelos desde antes de ser un renacuajito sin pies.
A caminar de la mano con tu gente, Víctor...
Nota Personal: "Yo soy el CAMINO, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí" Jn 14:6. Hablando de los caminos que valen la pena.
Nota Personal 2: Me imagino que a pesar de todo, voy a tener que pagarle las uñas de los pies cuando quiera hacérselas.
Nota Personal 3: Hasta me tocara hacérselas yo algún día...










