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🍋 Arnold Palmer Lemon Shots 🍋
(only click if you’re over 21, please~)
Lemon shots
Rating: NC – 17
Género: Romance, aventura, angustia, comedia.
Advertencias: AU, sexo explícito, prostitución, sexo en público, orgías, drogas, abuso de alcohol, BDSM en capítulos posteriores.
Personajes principales: Zayn / Harry / Liam / Niall / Louis
Disclaimer: No conozco ni soy dueña de los miembros de onedirection (desafortunadamente) y esto es una obra de ficción.
Resumen: Una antología de one-shots, que tal vez después se conviertan en historias más largas, depende de los lectores y los comentarios, cada uno con pareja y tema diferente, todos terminan en el acto sexual.
Índice
The Candy shop (Harry/ Louis)
Resumen:
Louis es un hombre exitoso, con dinero, y elegante, pero tiene un perverso pasatiempo, algo que disfruta inmensamente, y se resume en visitar a alguien después de media noche, en un lugar poco usual, a un chico que no casi no conoce, y del cual el mismo se ha prohibido enamorarse, y promete sólo disfrutar de su cuerpo, aunque tenga que pagar por ello.
The Candy shop
Son las 12:45 p.m. y estoy esperando la señal, adentro de mi volvo rojo. Estacionado en esta calle poco alumbrada, espero, aunque ya se me acaba la paciencia. Sólo cinco minutos más. Una persona joven, atractiva, y exitosa cómo yo no tendría nada que hacer a esta hora frente a una dulcería.
Normalmente.
Si no tuviera algo que ocultar. Algo perverso que se encuentra aquí en esta dulcería, a las 12:50 p.m. exactamente.
Observo la puerta de la dulcería detenidamente, un pequeño local en la calle, pintado de un verde brillante, el lugar es un poco viejo pero tiene puertas de vidrio, a través de las cuales puedes ver todo lo que hay dentro, las luces están apagadas, luego de unos segundos el pequeño, y apenas visible anuncio de "Abierto" que se encuentra colgado en el centro de la puerta se enciende con letras color rosa llamativo, sólo un momento. Salgo del auto silenciosamente, cierro la puerta y me acerco lentamente a la entrada. Antes de entrar observo mí alrededor, no veo nada extraño, así que abro la puerta, que cómo esperaba no tiene seguro.
Camino por el pasillo, mis zapatos formales haciendo ruido al hacer contacto con el suelo, alrededor hay vitrinas llenas de todo tipo de caramelos, paletas, chiclosos, chocolates y otras golosinas. Pasando el estante de bombones rellenos está mi destino. Hay una puerta casi invisible, ya que se mezcla con la pared, la puerta a mis deseos.
Golpeo la puerta ligeramente, exactamente cuatro veces, y al instante se oye una voz rasposa al otro lado de la puerta. —Buenas noches. — Dice.
Espero un momento para contestar, y digo. —Dos tutsi, y una barra de chocolate. —La puerta se abre discretamente, luego de decir esta clave, esto para seguridad y sobre todo para confidencialidad de lo que sucede aquí, que no es totalmente legal en Londres.
Entro por la puerta suavemente, avanzo unos cuantos pasos, discretamente.
Estoy del otro lado de la tienda, en la cual hay un olor igual de dulce, que en la parte que se encuentran las distintas golosinas, pero un poco distinta, y está alumbrado con una tenue luz rosada. La persona cuya voz escuché hace un momento, un hombre alto, corpulento y calvo, el típico hombre rudo de seguridad, me observa con atención mientras entro y avanzo por el pasillo. Llego al fondo del pasillo y doy vuelta a la izquierda, me encuentro con una mujer sentada detrás de un grande escritorio de color blanco, que se encuentra jugando con su celular, cuando nota mi presencia, voltea hacia mí. — ¿Tiene cita, o viene a ver qué tenemos disponible? —Pregunta seriamente, esperando mi respuesta para seguir con su juego de Candy crush. —Tengo cita, en la habitación 621, exactamente a la 1:00 a.m. — Digo mientras ella revisa su computadora, buscando mi nombre para confirmar dicha cita. — ¿Cuál es su nombre? — Me cuestiona de nuevo.
—Louis Tomlinson. — Le contesto, un poco impaciente. — ¡Ah claro!, hizo cita con Hazza, ya puede pasar. — Me dice la secretaria, con una ligera y fingida sonrisa, al parecer por simple educación.
Luego de esto me dirijo, a mi destino, camino hacia enfrente por un estrecho pasillo, poco iluminado, completamente vacío y silencioso, sólo se oyen mis zapatos golpear el suelo cada que doy un paso, hasta llegar dónde hay una brillante cortina de tela suave y de color dorado, paso a través de ella, y sigo mi camino y aquí hay una serie de puertas, de distintos colores y tamaños, cada una con un número diferente, y paro en frente del cuarto que reservé. “621” Se lee sobre la puerta en grandes número dorados. Giro la manija y pongo un pie dentro de la habitación, asomo mi cabeza, para confirmar que él me está esperando.
La poca luz apenas alcanza para distinguir su esbelto cuerpo sentado en la orilla de una cama cubierta con sábanas de seda color vino. Trae puestos un pantalón negro muy justo y una camiseta de corte v de color blanco. Simple pero sexy.
— ¿Me extrañaste? — Pregunta con una aguda y burlona voz. — ¿Si te digo que sí, me harás un descuento? — Le respondo rápidamente.
—Tomaré eso cómo un sí. — Típico de él.
Me acerco a él para verlo más claramente, y veo sus ojos verdes, ligeramente infantiles, aparentemente dulces, que me observan fijamente, su sonrisa, que dudo que sea fingida, pero tampoco estoy seguro que está muy feliz de verme, y su cabello rizado que adorna su cara malditamente hermosa. Yo sólo lo conozco cómo Hazza, y no sé si quiero saber nada más de él, ya que su belleza lo hace extremadamente peligroso, afortunadamente he podido limitarme a pagar por él, y no caer cómo otros. Tanto.
— ¿Qué tal tu día? — Sé que pregunta por cortesía, o quiere que deje de observarlo y comience con lo que vine a hacer.
—No me quejo, pero creo que mejora ahora mismo. — Digo mientras me acerco a él, su cara cada vez más cerca de la mía, él sonríe divertidamente, y lo beso, necesitadamente, con deseo, con urgencia. — O eso espero. — digo al despegarme de él por un segundo.
Me pego a sus labios de nuevo, y me lanzo sobre él, de forma que mi cuerpo queda encima del suyo, sus brazos rodean mi cuello, sus manos uniéndose detrás de mí nuca, presionando mi cara contra la de él, aplicando mucha fuerza en el beso, subo mis rodillas a la cama, acomodándome de forma que quedo entre sus piernas de él, en la orilla de la cama, mientras lo recuesto lentamente sobre su espalda y luego dejo mi cuerpo caer sobre el de él, el baja suavemente sus manos de mi nuca a mi cintura, y más abajo masajeando, acariciando cada parte de mí.
—Mmmhhh, alguien viene con mucha prisa. — Dice al separarse ligeramente por un momento de mí.
—Cállate, que no te pago por criticarme. — Contesto bruscamente.
—Jajajá, y también agresivo, eso me gusta. — Responde, con baja voz, en un tono seductor, algo que le sale muy bien, mientras me mira con esos ojos verdes, con un misterioso toque de inocencia, pero claramente también con deseo.
Me acerco a él nuevamente y muerdo su labio, sé que él es muy delicado, pero conmigo tiene que aguantarse un poco, a veces me gusta jugar un poco rudo con él. — ¡Auch! — Se queja inmediatamente. —Sabes que eso no me gusta, por favor ya no lo haaaga.. ah, aah…— Lo interrumpo en su regaño, al poner mi mano sobre su entrepierna, sobre la mezclilla de su pantalón, masajeo suavemente con la palma de mi mano, mientras lo beso nuevamente, esta vez mi lengua comienza a entrar poco a poco, sintiendo la de él, suave y delicada jugando con la mía, tocándose, explorando su caliente y húmeda boca.
Después de esta parte normalmente ya no cruzamos palabra alguna, no hasta que los dos hemos terminado, es cómo un regla aunque nunca la decimos en voz alta. Él levanta sus piernas, lentamente, y las pone sobre mis hombros, mientras retrocedo un poco, solo para observar su cara sonrojada, con los ojos entrecerrados, su rizado cabello desordenado y un gesto aturdido, claramente esperando a que continúe, ya que entre sus piernas se puede notar un bulto creciente en sus pantalones.
Me encanta verlo así, necesitado de que haga algo, para liberarlo de esa tensión, pero me gusta hacerlo esperar, sólo así vale la pena.
Dejo la palma de mi mano sobre su erección sin hacer demasiada presión y casi sin moverla, él apoya sus antebrazos en la cama para levantar el inferior de su cuerpo ligeramente, y comienza a mover su pelvis hacia arriba y hacia abajo, mientras sus ojos se entrecierran con cada movimiento, y lo beso ligeramente, dando pequeños mordiscos en sus rojizos labios a lo cual el ya no se queja.
— ¿Ahora quién es el que tiene prisa? —pregunto en tono de burla. El ya no dice nada, sólo me lanza una mirada, cómo diciendo “Ya verás”, pero sin dejar de moverse. Sus piernas permanecen sobre mis hombros, cuando decido bajar mis labios por su mandíbula, asomando mi lengua para dejar un delgado camino de saliva, para luego bajar a su cuello, haciendo círculos con mi humedad, y luego bajo a su pecho, aunque sigue vestido, succiono sobre su camiseta blanca, el área dónde sé que se encuentra debajo uno de sus delicados pezones, y con mi lengua acaricio esta parte, suavemente, y a veces dando ligeras mordidas.
Levanta su cuerpo de nuevo, apenas un poco, sólo lo suficiente para retirarse la camiseta blanca y lanzarla al suelo, mientras yo retiro mi mano de su entrepierna y desabrocho mi camisa de vestir color azul claro, rápidamente, sólo para luego regresar mi mano a dónde se encontraba hace algunos segundos, pero esta vez procedo a bajar el cierre de su pantalón. Él se recuesta completamente sobre la cama, y deja sus brazos caer a sus lados, dejándose a mi disposición, para hacer lo que quiera con él, con todo su cuerpo, baja sus piernas de mis hombros, y las extiende a mis lados, permitiéndome bajar sus pantalones, dejándolo solamente en sus bóxers blancos, unos suficientemente apretados para dejar su erección completamente marcada.
Meto mi mano en sus bóxers, para sentir su ya endurecido miembro, y recorrerlo con mis dedos, suavemente, sin hacer demasiada presión, siento como comienza a sentirse pegajoso, con el líquido que comienza a salir de él, mientras el trata de suprimir sus delicados gemidos y crear más fricción entre mi mano y su pene, haciendo movimientos con su cadera.
Luego de un rato de masajearlo decido que fue suficiente para él, ahora es mi turno. Retiro mi mano de sus bóxers y me pongo de pie frente a él.
—Ven, arrodíllate aquí. — Le ordeno.
—Si me lo pides más amablemente, estaría mejor, ¿No crees?— pregunta, a lo que respondo —Bueno ¿Podrías arrodillarte frente a mí? Quiero que me la chupes en este momento. — Rueda sus ojos, pero hace lo que le digo. Baja de la cama y se pone de rodillas frente a mí, pone su mano sobre mi entrepierna, y baja el cierre de mi pantalón, y luego arrastra con fuerza mi pantalón hasta mis rodillas, y comienza a masajearme sobre mi ropa interior, haciendo movimientos circulares con la palma de su mano. De pronto pone sus dedos a la orilla de cada lado de mis bóxers, y los baja también, al igual que mi pantalón hasta mis rodillas, liberando mi erección de la presión de la tela y acercó su cabeza a mi pelvis.
Sus carnosos y ligeramente rojos labios besaron suavemente la punta de mi pene, subiendo lentamente con más delicados besos por todo mi miembro, pongo mis manos en su cabeza, jalando de vez en cuando uno de sus rizos suaves, increíblemente femeninos, con urgencia de que haga algo más, obviamente se está vengando sutilmente.
Cuando creí que ya no soportaría más de sólo suaves y superficiales besos, su suave y rosada lengua comienza a lamer en círculos la punta de mi pene, haciendo que mi cuerpo entero reaccione, él sabe justamente lo que me gusta, y sabe cómo debilitarme.
Comienza a mover su lengua por toda mi extensión, esa dulce sensación, suave y delicado, cada vez más delicioso, sube y baja su cabeza al mover su lengua para recorrerme, luego de unos segundos decide abrir sus labios para introducirme lentamente, en su boca, una vez que logra meter lo más que puede voltea sus enormes ojos hacia arriba, para mirarme directamente con la boca llena de mí.
Es tan jodidamente excitante.
No puedo evitar más que agarrarlo de la nuca y comenzar a retirar su cabeza un poco, sólo para regresarla a su posición anterior, cada vez entrando más y más adentro de él. Así disfruto unos minutos, moviendo su cabeza hacia adelante y hacia atrás mientras me ve directamente a los ojos, es una sensación increíble, después de un momento decido que fue suficiente pues mi plan no es venirme en su boca, y necesito algo más, necesito escuchar sus gritos, que diga mi nombre, mientras pienso esto, siento cómo hace una ligera presión con sus dientes sobre mi miembro, que extrañamente es muy agradable, pero decido que es suficiente de esto por ahora.
Retiro completamente su cabeza de mí, dejando un hilo de fluidos entre sus labios y mi pene, aún erecto, es algo sucio, pero extrañamente hace que me caliente aún más.
Se pone de pie y sin dejar de mirarme a los ojos ni un instante comienza a tocarse.
—Mm...Mmm...— gime fuertemente en mi cara, a sólo unos centímetros de distancia, en este momento puedo apreciar bajo la poca luz su piel perfecta, blanca, suave, sus lunares en todo su cuerpo, sus manos grandes, pero delgadas, su voz un poco femenina, probablemente la hace de esta forma intencionalmente, cada vez que mueve su mano hacia arriba y hacia abajo, haciendo un sexy y suave sonido.
Entonces no aguanto más y me abalanzo sobre él, besándolo con mucha fuerza, bajo mis pantalones y bóxers que se habían quedado en mis rodillas y los tiró en el suelo, agarro a Hazza de la cadera y lo volteo sobre la cama, colocándolo en cuatro, sobre las sábanas de seda, detrás de él, alcanzó a besar su cuello, y el voltea para que pueda besar sus labios, entonces pienso que es momento.
Primero subo mi mano y le pongo dos dedos en sus labios. —Lame. — le ordeno, y por fin hace caso sin decir ni reclamar nada, succiona mis dedos, los lame y hasta los muerde suavemente, cuando decido que están suficientemente humedecidos los bajo, y exploro con la punta de mis dedos su entrada, lentamente introduciendo uno, y luego el otro, cómo claramente no es virgen, esto es bastante fácil, sólo los muevo algunas cuantas veces hacia adentro y hacia a fuera, sólo hasta que veo que está suficientemente relajado.
En este momento retiro mis dedos, y bajo a buscar mis pantalones, para buscar en un bolsillo un condón sabor a uva.
Lo saco del empaque, y procedo a colocármelo, así como me gustaría cogérmelo al natural, las reglas del lugar son que debemos usar protección, por seguridad de todos.
Aunque no me gusta pensar en quienes son todos para Hazza.
Pero eso no es lo importante ahorita.
Regreso a colocarme detrás de él, que no se ha movido en lo absoluto, más que bajó su mano para tocarse en mi corta ausencia. Lentamente me introduzco en él, mientras lo tomo de las caderas para lograr más profundidad.
La sensación de estar dentro es increíble, sus suaves paredes que encierran a mi erección, apretado, pero no doloroso ni incómodo.
—Mmhhmm... Aaahh…—Lo mejor en estos momentos además de escuchar cómo trata de reprimir sus gemidos, es el sonido pegajoso del contacto de piel con piel, cada vez que se juntan nuestros cuerpos, cada vez más rápido, por lo tanto cada vez más fuerte y más ruidoso, nuestras respiraciones agitadas, su cara sonrojada, cada vez que entro más profundo su espalda de arquea, y cuando encuentro el lugar exacto, comienza con los gritos, alcanzo a ver que con sus puños aprieta la sábana.
—¡Aaah! uuuhh, aaah...— Amo este momento, en el que es tan placentero que no puede suprimir su voz, y grita cuando encuentro ese lugar específico, cada vez que hago contacto con esa zona al entrar en él, no logro ver su cara, pero puedo imaginar su expresión de placer y concentración, continuamos así unos minutos más, hasta que no me queda mucha energía para seguir, porque sé que estoy cerca del orgasmo, siento el calor acumularse en la parte baja de mi estómago, siento el momento de liberación cerca, sus paredes suaves, que me encierran, ya que él está cerca, sus músculos se contraen alrededor de mí, haciendo un poco más de presión por un instante.
—Ya... casii....— Logro decir.
Coloco mis manos alrededor de su erección, para ayudarlo y así venirnos al mismo tiempo, cada vez aplicando más presión, y de manera más rápida, es algo que requiere bastante concentración.
Justo antes de terminar, sentí mi mano llenarse de su líquido blanco —Aaahhh... Mmm... haha...—un grito, especialmente más fuerte que los anteriores.
Me salí de él, y los dos caímos recostados en la cama, él puso sus brazos alrededor de mi espalda, quedando su pecho desnudo contra el mío, su cabeza descansada en mi cuello.
Lo único que se oía eran nuestras pesadas respiraciones, y podía sentir la de él, húmeda y tibia, y aún irregular sobre mí.
Nos quedamos en silencio por un momento.
Dicen que cuando se tiene el "momento" no es sólo sexo, si no hay sentimientos de por medio. El “momento” es ese que se tiene en el que dos amantes están abrazados, los corazones de ambos latiendo con fuerza, sus pensamientos perdidos en lo hermoso de todo, y en lo mucho que se aman pero sin decir palabra alguna. Normalmente un cliente hace lo que pagar por hacer, se levanta, se ducha, se viste y se va. La verdad no quiero pensar en que esto sea más que sólo sexo, pero no sé qué es. Es cómo un punto medio entre las dos cosas.
Hace dos años que vengo a la dulcería a visitarlo. Solamente vengo por él. No puedo decir que estoy enamorado de él. No sé nada de él. Pero tampoco lo trato cómo lo que es, una persona que ofrece servicios sexuales, a cambio de dinero, lo trato cómo si fuera mi amante, pero no tengo que forzarme con él a decirle palabras lindas, y cosas irrelevantes que debo hacer cuando me acuesto con mi novia.
Simplemente un día por un conocido llegue a dar aquí, y lo vi, y ahora no puedo dejar de venir frecuentemente, aunque pago por él, acostarme con él me resulta mucho más satisfactorio que cuando lo hago con otras personas, hasta mi novia. Y afortunadamente tengo para pagarle, sin caer en deudas.
La mayoría de los chicos que trabajan aquí tienen mucha necesidad, o son adictos. Me pregunto por qué Hazza está aquí. No se ve cómo los demás, se ve que fue educado, que es refinado, y hasta tiene buen gusto para vestirse, y no tiene la cara o los síntomas de alguna adicción.
—Ya tengo sueño, si quieres te puedes bañar antes de irte, yo ya me voy a dormir, estoy exhausto. — interrumpe mis pensamientos.
Se sentó un segundo, para jalar las sábanas de seda sobre él, y taparse con ellas, estaba tan cansado que en cuanto se acostó de nuevo, cerró los ojos.
Yo pienso que también me quedo a dormir.
No voy a pensar en lo que pase mañana.
Ni voy a pensar en lo del "momento".
Ni en que probablemente esta tan cansado por las demás “citas” que tuvo hoy.
Sólo quiero pensar que nunca va a amanecer.
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