Sobre Los pájaros que persiguen la luz de Efraím Blanco, Lengua de Diablo Editorial.
[...entre la soledad y el vacío de vivir en una grieta ¿quienes somos para dudar de ciertos milagros?]
¿Qué es esta punción que taladra, qué picotea? Hay pájaros a contraluz en la ventana, intentan salir y alcanzar el sol, aletean los oídos, dicen que también puedo volar sobre un cielo de hoja blanca. ¿Cómo fue que escaparon esos cuervos de tu mirada y comenzaron a gritar el dolor de un blues? ¿Esa grieta por donde se cuela la luz es una garganta? Cada ave deja una línea de murmullo en la búsqueda del halo que indica el camino a seguir: poemas de luz y sombra forman el libro Los pájaros que persiguen la luz, de la pluma de Efraím Blanco, dotado de una dualidad que relata paisajes donde lo oscuro de la rutina del hastío se enfrenta con la esperanza de imaginar que un mundo y un tiempo más justo comienza desde las palabras.
El poeta señala y el cielo se nubla con los trinos de una bandada. ¿Palabras blancas se escriben sobre gris porque son como la grieta? En este libro hay un tono mayor plasmado visualmente, cajas grises donde las mayúsculas quieren escapar del margen, gritos de pájaros ilustrados irrumpen lo cotidiano. Pablo Peña es el artista que logra otra posibilidad de lectura poética al dar el aire suficiente entre versos y criaturas estridentes que vuelan sobre las páginas a través de la ilustración y diseño de esta edición, destaca un sello de vitalidad que despierta de inmediato la mirada curiosa del lector. Un pichón asomado al sueño de ser niño juega con estrofas, convierte el ruido de averío en un resquicio de silencio luminoso.
La poética de Blanco, siempre sencilla y brillante, se rompe en positivo y negativo en esta nueva edición de la editorial independiente Lengua de Diablo, guarda textos donde la violencia, la muerte, el desasosiego de la realidad se anteponen a un continuar inevitable de los días a pesar de los malos tiempos. Mantiene un eco de melancólica belleza que no para de evocar una historia meliflua donde es posible reconocer los colores y los vientos de alegría aunque todo parezca gris. El poeta contrasta la inteligencia de su pensamiento con el mundo al revés, anima lo inerte, revive con palabras, crea lo imposible; invita a pensar en que morir no es lo mejor que puede suceder: existen asombrosos encuentros que devienen de la literatura, pequeños detalles convertidos en flores y calaveras, poetas vivos y aquí. El niño crece en pájaro de alas abiertas, sin miedo picotea, devuelve la punción, la vida taladra con sus gritos. Abre la ventana. Ya hay pájaros extraños, libres, tus manos son la luz.
@Serendipia 2019













