Sin embargo, puedo muy bien deciros algo que esos miserables no ignoran, y es que la amo frenéticamente, con una pasión que me hace ser el más desventurado de los hombres. Lo he intentado todo, con el fin de conseguir su libertad: la astucia, la violencia, la habilidad y la nobleza. No obstante, ni en París ni durante el viaje he conseguido nada, por lo que he resuelto seguir su camino, aunque la lleven al fin del mundo. Es mi amada, señor.
Manon Lescaut, Abate Prévost.













