Un miércoles después de la hora de almuerzo revisé mi antigua cuenta de correo y encontré un mensaje de CONICYT, la institución estatal que me había otorgado una beca para estudiar en NYU el 2010. El asunto era: Proceso de Regularización Ley 20.905 y contenía una circular en la que me informaban que mi proceso de retribución no estaba cerrado. Yo había terminado mis estudios, cumplido con todos los requisitos, había entregado los documentos a tiempo y creía que mi devolución estaba completa. Pero mi proceso seguía abierto. El mail me inquietó. Esa noche me costó quedarme dormido. Me daba vueltas en la cama preguntándome si habrían recibido los certificados que les había enviado, pensando que sería imposible recuperarlos, que la mayoría habían sido emitidos hace años atrás. Repasé los cambios de dirección de sus oficinas, mis propios cambios de casa. Repasé las fechas, releí las bases, el convenio que firmé con ellos. Finalmente me quedé dormido de puro cansado de tanto pensar. Soñé que llegaba a las oficinas de CONICYT, una especie de mostradores de líneas aéreas en un aeropuerto, donde una ejecutiva me atendía. Yo le contaba que tenía mucho miedo de que se hubieran perdido mis papeles y no poder cerrar mi proceso. Ella revisaba mi caso en un computador y me explicaba que estaba todo bien, que me tranquilizara. Luego decía que la verdadera razón por la que me habían mandado llamar era para saber si estaba listo para el temporal que venía.
Sobre el agua, CONICYT, Moneda 1375, Santiago, Chile.










