Reflexión Desde El Silencio: El Linchamiento Del Nuevo Siglo 😶
Nunca imaginé que un pequeño suceso, algo que en un principio no parecía tan grave, pudiera cambiar tanto mi vida. Una serie de malas coincidencias se convirtieron en un desastre y lo que en su momento parecía una situación difícil, se transformó en algo completamente devastador para mí. A partir de ahí, el que parecía un día más, se volvió el primero de los peores…
Desde el principio, fue demasiado. La sensación de estar siendo atacado por todos lados me superó. Cada notificación, cada mensaje, amenaza y comentario de odio me hundían en un vacío infinito, un círculo vicioso del que no podía salir. Por más que intentaba no pensar en ello, mi mente no dejaba de recordarlo, no podía concentrarme en nada, la ansiedad aumentaba cada día, y con ella, también los problemas físicos. No podía dormir, los dolores de cabeza eran constantes y, aunque trataba de seguir adelante, el agotamiento era abrumador. Mi paranoia aumentó al grado de sentirme observado en todo momento, caminar por una ciudad donde todos te voltean a ver, hablan de ti y te juzgan (aunque sea sólo en tu imaginación) es tan asfixiante como gritar en un lugar donde nadie escucha.
Parece surrealista, pero una funa, algo que puede sonar tan simple y que sucede detrás de una pantalla (donde tú eliges conscientemente si prestar atención o no) puede tener un impacto inmenso en la salud mental y física de las personas. El estrés, la ansiedad, la depresión, expectativas inalcanzables… Son sólo algunos de los efectos de ser víctima de una condena pública. En muchos casos, las personas no se dan cuenta de lo que está en juego. Es fácil señalar y criticar desde el anonimato de una pantalla, pero lo que pocos piensan es el daño real que se puede causar. En mi caso, no era sólo el dolor emocional, mi cuerpo también empezó a resentir el peso de todo. De alguna manera, el estrés se traduce en síntomas físicos: Insomnio, dolor crónico, falta de energía, síntomas que, hasta ese momento, nunca había experimentado.
Y entre todo esto, lo más irónico es que, con el tiempo, me di cuenta de que la cancelación surgió de una búsqueda de justicia. La intención de la gente no era dañar, sino señalar lo que se creía injusto. La cancelación nació a raíz de algo muy triste pero real en nuestra sociedad: No siempre se hace justicia, y mucho menos en países como México, por ello muchas personas deciden tomar las armas y ejectutar con sus propias manos, y (si lo pienso bien) se usa el mismo concepto para acabar con la carrera de aquellos que hacen cosas malas y “merecen” su escarmiento, pues de alguna manera, aún no pagan lo que han hecho. Sin embargo, como todo en la vida, cuando las intenciones no se alinean con los hechos, los resultados pueden ser bastante negativos con toda la extensión de la palabra.
Hoy, después de pasar por todo esto, he aprendido a ver las cosas de una forma diferente. Aunque la cancelación trajo consigo muchos momentos difíciles, también me hizo reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos. La cultura de la cancelación, a pesar de sus aspectos negativos, también está conectada con el deseo de que las personas se comporten de manera más consciente, de que los actos de los demás no queden impunes, es un mecanismo de corrección, aunque a veces llevado al extremo. Si bien no fue algo positivo para mí, no puedo negar que tiene el poder de generar cambios en la sociedad y nos obliga a cuestionar lo que aceptamos como normal, a pensar de manera más crítica sobre el comportamiento de los demás y sobre nuestras propias acciones.
Sin embargo, lo que me ha quedado claro es que, aunque hay aspectos positivos en este fenómeno, también es fundamental pensar críticamente antes de tomar cualquier decisión. La rapidez con la que las personas se suman a la destrucción en redes sociales es impresionante, pero ¿cuántas veces se han detenido a cuestionar si realmente hay una razón válida detrás de sus juicios? ¿Realmente sabemos qué estamos apoyando? ¿Estamos defendiendo una causa justa o sólo estamos replicando lo que todos dicen, sin entender el contexto, sin escuchar las dos partes? Y tomando en cuenta el daño que se puede causar a una persona, no es algo que deberíamos hacer a la ligera. Después de todo tenemos demasiados sesgos, aplicamos nuestros propios parámetros a los demás y muchas veces, lo que vemos, no es toda la historia. Es necesario que como sociedad dejemos de reaccionar impulsivamente, y en lugar de eso, nos tomemos el tiempo para reflexionar antes de emitir juicios.
Y si algo puedo decirte después de todo esto es: Antes de escribir un comentario, antes de sumarte a un linchamiento, antes de cancelar a alguien… Detente, piensa, pregúntate si conoces toda la historia; Pregúntate si estás ayudando a hacer justicia o solo estás repitiendo lo que todos dicen por miedo a pensar diferente. La cultura de la cancelación puede ser un reflejo de nuestro deseo de un mundo más justo, pero también puede ser un espejo de nuestra falta de pensamiento crítico y nuestra necesidad de pertenecer a una masa que grita sin escuchar. La próxima vez que sientas la tentación de escribir algo hiriente o sumarte a la condena colectiva, recuerda que detrás de cada pantalla hay una persona; una persona que tal vez, como yo, sólo fue víctima de una mala coincidencia y terminó pagando un precio que no le correspondía.
Por mi parte, aunque sigo con cicatrices, puedo decir que he aprendido a manejar esta experiencia; he aprendido a ser más consciente de cómo mis palabras y acciones pueden ser interpretadas, y también he aprendido a no dejar que las críticas externas definan mi vida. Pero también he comprendido la importancia de la empatía, pues como sociedad, debemos practicar la empatía no sólo en nuestras interacciones cara a cara, sino también en el mundo digital. El juicio rápido y la condena sin pruebas son peligrosos y pueden destruir a alguien. Todos somos humanos, todos cometemos errores, pero también tenemos el derecho de ser entendidos y escuchados antes de ser condenados por la turba furiosa… Del linchamiento del nuevo siglo.
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