A esta hora todo tranquilo. Como siempre. La "afluencia" —maldita palabra— de gente en los centros electorales ha sido normal y, como siempre, los comentaristas de pasillo histerizan sobre lo irresponsable de los abstencionistas. "Es que es increíble que no haya cola." En eso nos hemos convertido, en fetichistas de la burocracia. Lo normal es la cola.
Prendemos la televisión y nos encontramos con los representantes de la oposición explicando —como disco rayado— los detalles del funcionamiento de las máquinas de votación. Casi una década utilizando este sistema —anualmente, podríamos decir— y todavía necesitamos un manual de instrucciones. Dice mucho de su transparencia. Como los representantes del oficialismo que no han parado de repetir, igual que en otros años, que tenemos el mejor sistema electoral del mundo. Y que ha pasado todas las auditorías. Estos comentarios, por supuesto, intercalados con proselitismo ilegal del siguiente tipo: "Después de hoy debemos avanzar en la implementación del plan de la patria, como lo soñó el comandante supremo. Lamentablemente, hay algunas personas —que no podemos nombrar pero que ustedes saben bien quienes son— que no quieren el bien del pueblo. Estamos seguros que el pueblo votará por el sueño de Chávez."
A las 2 de la tarde, la mesa de la unidad llamó a los jóvenes a votar con la #operaciónavalancha.
En mi mesa un miembro del Plan República disfrutaba de un raspado de tamarindo mientras conversaba con una doña de voz ronca y pinta de opositora radical. Paz y amor. Por ahora... Esperemos el cierre de las mesas, la hora de la baranda, y el carómetro, para ver como sigue la cosa.









