Viajar es vivir…
Se ha vuelto una tradición junto con mis hermanas, en cada cumpleaños nuestro realizar un viaje exprés; de un día a dos. En noviembre del 2020 fue mi primera aventura en pandemia.
Recuerdo que fue una decisión bastante indecisa, aún no era adecuado viajar, pero finalmente una de mis hermanas me convenció. Es de mis fechas más especiales, así que no tenía que pasar desapercibido, esto nos condujo a buscar destinos cuya demanda no fuera tan popular para estar más seguras en cuestión de no socializar con muchas personas. Entre los lugares a escoger fueron: El Cedral, Hidalgo y Los Azufres, Michoacán, me decidí por Los Azufres.
Después de casi un año, volví a viajar, mi emoción era inmensa, mis expectativas eran muy altas, sin duda me hizo sentir que de nuevo comenzaba a vivir, esta travesía me recordó lo mucho que disfruto conocer parajes nuevos y seguir abriendo mi panorama del mundo, sin duda disfruté de cada momento.
Mi cumpleaños del año pasado cayó entre semana, se nos hizo un poco imposible ya que no podíamos, por esa cuestión nos fuimos tres días antes. El día 14 de noviembre por la mañana preparamos todo, después de ello, emprendimos nuestro camino, solamente iríamos por dos días. Al llegar a los Azufres, en la entrada el personal de las instalaciones no estaba cumpliendo adecuadamente con las medidas de sanidad, solamente dentro del parque era obligatorio el uso del cubrebocas.
Era mi segunda vez que acampaba, en noviembre ya es un mes bastante fresco, sobre todo para un sitio que usualmente es húmedo, en la madrugada los grados están al asaz.
Personalmente fue una experiencia bastante bonita solo con el hecho de acampar, preparar el desayuno, comida y cena en una pequeña fogata, disfrutar realmente un buen café, el clima, el paisaje, la compañía, simplemente gozar de las pequeñas cosas.
Y como siempre en mis aventuras nunca pueden faltar la vicisitud, esta vez lo fue con mi pastel de cumpleaños, me enganche con tener una foto para recordar aquella ocasión. Mi hermana me dijo que era mala idea llevar la tarta por la duración del viaje de cuatro a cinco horas en el automóvil, no me importó y me arriesgué. En el camino si iba bastante preocupada por miedo a que la crema de chantilly se derritiera pero por fortuna llevábamos chuleta que estaba bastante fría, puse arriba de la carne mi pastel para que lo mantuviera un poco frío.
Ahora puedo decir que valió completamente la pena, además de tener mi foto, disfrute de un rico pastel frente la Laguna Larga; es el atractivo principal de los Azufres, el agua tiene un color azul turquesa muy hermoso, asimismo escuchar el canto de las aves que habitan en el parque, los inmensos pinos, la vibra, todo eso hizo que tuviera una experiencia inolvidable sobre todo despertar y tener en frente la laguna.














