Pasos acompasados marcaban su camino por los pasillos, confianza pura desbordando de los movimientos de la danesa. La pantalla de su móvil aún se encontraba encendida con la conversación abierta, como una clase de premio hacia sí misma al recibir aquellas palabras del mayor. Cierto era que no tenía planes y, por lo tanto, podía ir sin problema a la habitación del príncipe para reclamar su ofrecimiento, aunque no lo había hecho sin un poco de convencimiento de por medio. ¿Quién sería ella si no buscaba la atención? Y aunque no la había obtenido de la forma en que buscaba, no al cien por ciento, estaba conforme de momento. Por eso había decidido visitarle, regalarle su presencia y un poco de su tiempo.
Tras localizar la habitación del esloveno se adelantó a abrirla por completo, importándole poco la regla de tocar antes de aventurarse en habitaciones ajenas. Era su palacio, después de todo. “¿Y bien?” impacientó, estrellando su tacón de aguja en el suelo. “No me arreglé para que me decepciones.” en realidad era vestimenta de todos los días, al menos en el caso Hella. Los vestidos cortos y tacones eran su outfit predilecto. @lovrencv