Lucainena de las Torres (Almeria) Andalucía SPAIN
seen from China

seen from United States
seen from United States
seen from France
seen from Hong Kong SAR China

seen from United States
seen from China
seen from United States

seen from France

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Germany
seen from United States

seen from Greece
seen from United States
Lucainena de las Torres (Almeria) Andalucía SPAIN
BTT Lucainena 2016: esnifando polvo
Pelotón globero encabezado por Pepín
Por Whatsapp: Pepín: ¿Joaquín, son las 7 vienes o me voy? Joaca: Vete que me acabo de despertar, ya iré yo por mis medios… Primera baja globera.
BTT Lucainena 2015: Return of the Jaimito
El domingo 12 de abril una multitudinaria representación de Verano Atchús (cuatro) desembarcó en Lucainena para participar en la carrera de BTT que organizan los Masterbike. La cita era obligada por el buen ambiente, por lo bien que se lo curran los organizadores, por lo chula que está la ruta, por darle memorias a los antepasados de Jaimito y por la panzá de cerveza que te metes en el cuerpo para reponer líquidos, sales y materia etérea.
Para los que no hayan estado nunca y para los que sí pero quieran refrescar los buenos y los malos momentos de la ruta, haré un repasillo del recorrido:
Un chiste de Jaimito: Cicloturista de Lucainena
Nada, que uno no escarmienta y después de la paliza de Sierra Cabrona, en vez de vender la bici voy y me apunto a otra carrera cicloturista. En fin, me temo que soy un masoquista.
Preparativos: entre amigos no hay dnis
Madrugón de categoría para llegar a la inscripción, lo bueno de ir a Lucainena en coche por la carretera que va desde Níjar es que ya llegas divertido y suelto de adrenalina. En el pueblo me encontré con bastantes conocidos en un ambiente mucho más relajado que en Mojácar. Se notaba que no era una carrera puntuable. Esta vez para recoger el dorsal no pedían DNI, total, ¿quién me iba a suplantar con esas pintas de globero?
Bici montada, depósitos de agua llenos, viandas en los bolsillos: para esta carrera tocaban plátanos y orejones, pipí de soslayo… y a la plaza del pueblo. Allí me junté con Alex, Juanjo y la peña de Los Pájaros de Lubrín, buena gente. Fotitos de rigor y a esperar la salida.
Preparados, listos… ¡atasco!
Aunque Los Pájaros habían cogido un buen sitio para la salida, el principio fue un poco caótico y pagamos la inexperiencia al salir relajados de más y llegar en mitad del pelotón al atasco que se formó en el primer sendero. Eso sí, esa parte era muy bonita, pasando por las afueras del pueblo y los antiguos hornos de mineral.
Los primeros kilómetros fueron un continuo sube y baja, muy parecido a lo que hacemos habitualmente por Retamar, en las bajadas y ramblas adelantaba a gente y cuando la carretera picaba hacía arriba me devolvían la pasada. Me tengo que hacer de un cabrestante para las subidas. Casi desde el principio nos separamos, Juanjo a tope con los primeros, yo más o menos a mitad de pelotón y Alex un poco más retrasado.
La trampa de arena
La ruta continuaba por un tramo de asfalto en bajada, momento de bajar pulsaciones, y volvía a la tierra por la Rambla de Lucainena (paralela a la vía verde). Al principio había algo de tierra blanda pero se podía avanzar bien y disfrutar derrapando en las curvas, pero poco a poco se fue poniendo más y más blanda, y llegado un momento era como dar pedales por la playa. Así que decidí salirme de la zona central de la rambla e ir campo a través por las retamas donde se podía avanzar mejor aunque a costa de ir picando piedra con las bielas.
En el tramo de pista que pasaba cerca de la Venta de El Pobre compartimos recorrido con una carrera de trail a pie (el desierto es un pañuelo) y más de uno se paró en su avituallamiento a coger el agua de los corredores. Un préstamo entre deportistas.
Y vuelta a la rambla, pero esta vez en ascenso. Y claro, cuesta arriba te hundías más en la arena y el personal daba pedales hasta que caían al suelo de maduros. Delante mía cayeron seis o siete y en los avituallamientos veías a un montón de corredores rebozados. Otra vez campo a través entre retamas casi hasta Polopos. Pero no me puedo quejar, en Retamar estamos acostumbrados a ese terreno y se notaba que a muchos corredores fuertes les faltaba esa experiencia para salvar las trampas de arena.
A su sitio, caballero
Al avituallamiento de Polopos llegué muy adelantado. No sé en qué posición, pero me sorprendió ver que detrás mía llegaba gente de más nivel. Tras reponer líquidos en la mochila y el bidón y zamparme un pastelaco de crema que se me metió por los ojos (estaba riquísimo, pero empachaba un poco) empecé la primera subida fuerte espoleado por la gente del pueblo que habían salido a las calles a animarnos.
El primer puerto era corto, unos cuatro kilómetros, pero intenso y con mucha piedra suelta en las rampas. Allí me adelantó un montón de gente, poniéndome en mi sitio. Al coronar había un primer tramo de bajada complicado, de los que le gustan a Pebels, lo disfruté bastante, lástima que fuera la última diversión de la prueba.
El personaje
Acabando el descenso se abría una pista con toboganes donde me encontré con un zagalote desfallecido al que otro corredor le estaba dando agua. Resulta que el fiera iba sin líquidos ni comida porque “ya había dos avituallamientos”. En fin, me apiadé de él y le di lo que me quedaba en el bote de bebida isotónica y un plátano. Un desperdicio, casi mejor que se los hubiera dado a un conejo. El figura, que se creyó repuesto, me dejó atrás esprintando como si la meta estuviera a un kilómetro. Un pollo sin cabeza, vamos…
Yo a lo mío, aproveché la subida de asfalto para reponer fuerzas a base de orejones y preparar el cuerpo para la cuesta de Jaimito.
Jaimito, un chiste la cuestecita
En la pedanía Los Olivillos se iniciaba el último puerto, la cuesta de Jaimito, un chiste sin gracia ninguna. Nada más empezar me encontré sentado en el suelo al personaje al que le habíamos dado agua. Hasta luego Lucas, molinillo y para arriba.
La primera mitad de la subida era dura, y ya me tuve que bajar en una rampa. Luego vinieron unos metros de llaneo y otra vez a darle al molinillo, porque la segunda mitad era peor, con varias rampas de más del 20%. Esfuerzo, esfuerzo, esfuerzo… pero nada, tuve que poner pie a tierra. Creo que hice, más o menos, la mitad de Jaimito andando. Y en todo el tramo solo vi a un ciclista subido e iba prácticamente a mi ritmo. Claro que a esas alturas ya estaba clasificado en territorio cien por cien globero.
¡La Vía Verde, aleluya!
En lo alto de Jaimito estaba el último avituallamiento. Un plátano y en marcha otra vez. Un pequeño descenso, algo de pisteo y se enganchaba con la Vía Verde, unos cinco kilómetros a meta. Como las burras cansadas, al ver que el final estaba cerca apreté el paso, pero las piernas me dieron un aviso ¡Pi-pi-pi-pi peligro de calambres! Quité una marcha y fui más tranquilamente hasta el final.
Allí estaban ya duchados y arregladitos Juanjo y la mayoría de Los Pájaros. Alex llegó un ratillo después, en cuanto se olió que ya estaba listo el arroz.
A jalar
Lo mejor de la carrera de Lucainena fue el ambiente. Mucho más campechano que en Mojácar. Vale, había pocas duchas; vale, la comida era en el salón social y no en un hotel de cuatro estrellas; vale, una paella gigante no es como el arroz de casa… Pero el sitio, los anfitriones y los participantes invitaban al buen rollo. Y lo más importante: nos dieron toda la bebida que pedimos. ¿Qué más se puede pedir? Un diez a la organización. A ésta repito fijo.
Ni que decir tiene que esta crónica relata mis impresiones sobre la carrera. Cualquier parecido con la realidad de otros es mera coincidencia.
Datos GPS
Distancia: 50,48 km
Velocidad en movimiento: 13,33 km/h
Ganancia de altitud: 1107 m
Pérdida de altitud: 1124 m
Tiempo (datos de carrera): 3:52’36”
Tiempo en movimiento: 3:47’
Puesto en meta: 95.