¿A salvo?
¿Elisa llegó bien a Santa Fe?
Sí, pero con una marca imborrable. Tal vez, lo que le sucedió , le tenía que pasar, para que no tenga prejuicios y para que aprendiera a desconfiar, porque esto no solo le podía suceder donde se crió, sino también en un lugar un poco más lindo que en el que nació y creció. Porque “No todo es color de rosas, lo podrido siempre está bien escondido” y porque al tener prejuicios, no vio todo el panorama con claridad y por creer que con las que convive, eran buenas personas, agradables, que solo la querían ayudar a estar mejor.
Ella todavía conserva su inocencia, aunque no sea tan evidente a veces, es una niña y haga lo que haga lo va a seguir siendo. Esto no le hubiese sucedido en la “vila” porque todos se conocían y ella sabia de quien cuidarse y tener cuidado, en cambio, allí ella no conocía a nadie, era una turista más y al no conocer, no sabía cómo eran las personas, porque todos podemos “fingir”, en algunas circunstancias.
Todo esto la afectó de forma catastrófica y psicológica, es decir, mentalmente, en donde algunos días estaba bien, normal y en otros un poco esquizofrénica, perseguida por sus propios demonios y por los que la rodean.
Por fin, las personas que tanto le hacían falta regresaron, pero no muy felices, con esa luz que transmitían, sino tristes, apagados, por todo lo que les había sucedido, como si “un camión los hubiera arrollado”, el mismo sentimiento que se siente al perder a alguien que no tuviste la oportunidad de conocer, un vacío sin fondo y que solo el tiempo sabrá como se curara o como ocultarlo, para que no duela tanto.















