El Lupus & la pareja
Este siempre ha sido un tema complejo y delicado. He conocido muchas historias, y la mayoría con un final más triste que feliz.
Nuestra condición es poco compatible con las relaciones de pareja, aunque tampoco es imposible tenerlas. Es difícil para otra persona entender los procesos, los síntomas, los malestares y desequilibrios hormonales de un lúpico. Estos síntomas muchas veces nos tienen de mal humor, decaídos, sensibles, deprimidos, adoloridos o incluso con pérdida de deseo sexual, a veces hasta por meses.
Varias historias que he oído se tratan de personas que eran felices en sus relaciones hasta que fueron diagnosticados. En ese momento toda la vida comenzó a complicarse, ya que no podían salir como antes adonde quisieran, había que descansar más, a veces planeaban cosas con amigos o salidas entre ellos y a último minuto tenían que cancelar los planes por los malestares. Empezaron a gastar más plata en doctores, medicamentos y tratamientos. El proceso de ser diagnosticada tenía a la chica en un estado de desconcierto y pasando por un proceso de asimilación muy complejo. El chico no quería ser el conchesumadre que dejara sola a la chica, pero al mismo tiempo la resentía por cambiar toda su vida, sin quererlo, hasta que un día el amor se había ido, hasta que un día él, ella o ambos se dieron cuenta que estaban juntos por obligación y no por amor. Y luego lo inevitable, la separación.
Otras historias cuentan de cómo chicos ni siquiera han querido intentar quedarse apoyando a la chica y la han abandonado sin mirar atrás. Por supuesto que no le dirían que era porque no se la podían con la enfermedad, sino que inventarían cualquier excusa barata para terminar la relación.
Por otro lado están las hermosas, como la mía. Yo fui diagnosticada después de tener a mi primera hija, separada de su padre, pero en muy buenos términos criando a nuestra bebita juntos pero separados y llevando una relación de amistad mientras él y yo teníamos nuestras relaciones con otras personas. Por mi parte algunos no se la pudieron con la enfermedad y por su parte, algunas no podían entender que tuviéramos esta relación tan amistosa. Tiempo después, quedé embarazada de la relación que tenía en ese momento, pero esa persona decidió abandonarme y a su bebé. Mi embarazo fue de alto riesgo y tuve que pasar los últimos meses en cama. El padre de mi primera hija, mi mejor amigo a estas alturas, me acompañó durante todo el embarazo, me apoyó en todo y cuando nació mi segunda hija, era muy cariñoso con ella. Cuando mi bebita tenía 1 mes y medio, un día nos dimos cuenta que nos habíamos enamorado de nuevo, después de 4 años separados. Reconoció a mi hija y nos casamos un año y medio después, un 29 de noviembre. Hoy tenemos 3 hijos maravillosos y 5 años de casados. Mi esposo me acompaña a todos los controles y exámenes posibles, me lleva a todas partes, me regalonea, en mis hospitalizaciones ha estado a mi lado en cada segundo, se ha hecho cargo de la casa y los niños cuando yo no he podido y, aunque a veces también veo que hay periodos más difíciles para él, nunca se ha planteado dejarme (créanme, le he dado la oportunidad) Se ve y se siente su amor ante toda la adversidad. Se ha mamado cambios de humor, subidas de peso, vellosidades extremas, granos, espinillas y sudoración y aún así me sigue diciendo que estoy hermosa, rica y que me ama. Yo intento comunicarle todo lo que me va pasando, cómo me siento física y emocionalmente para que pueda entenderme mejor y ha dado resultado.
Si hay algo que podemos sacar de todo esto, creo yo, es que podemos decir que el lupus ha cagado nuestras relaciones, o verlo bajo otro punto de vista, bajo la visión de que el lupus nos ha hecho un tremendo favor haciendo de colador. Pensando que el lupus es un increíble juez de carácter para quienes lo tienen y quienes lo viven a nuestro lado. Ahí se ve quienes se la pueden y quienes no, y los que deciden abandonarnos créanme que no son personas que queramos a nuestro lado. No nos sirven soldados que al primer disparo se asustan y salen corriendo despavoridos. Así que si no lo han encontrado, no pierdan la fe y mantengan los ojos abiertos. Su soldado ideal está en alguna parte, y estará dispuesto a pelear una y mil batallas a su lado sólo a cambio de amor.















