Nos vemos de una manera y , a veces, hasta coincide con la que ven los demás. Pero lo esencial no es lo que se ve desde fuera: nuestra fachada, si no lo que poseemos dentro, incluso aquello que es desconocido para nosotros. Y a ello también debemos sumar a quién o quiénes tenemos, la plenitud que todo eso nos otorga, el valor que nos proporciona, la riqueza interior que enaltece.
Deberíamos aprender a desechar aquello que nos hace sentir vacíos: personas y cosas; para empezar a completarnos con todas esas esencias que nos dan significado y nos plantean propósitos en la vida y en el corazón... Si nos tenemos ese amor propio, esa estima, ese valor incalculable de nuestro sentir como si de un Dios se tratara... seremos, no globos llenos de aire que se deshinchan sin más, sino aquellos otros que se elevan y vuelan lejos...