Primero fueron los signos que a veces no se detectan hasta que no llegan los síntomas.
Síntomas. Malditos síntomas.
Luego llego la noticia.
La noticia de un futuro duelo.
Es Cáncer.
¿Agarrado a tiempo? ¿Diagnosticado tarde? No importa, la palabra ya crea el estado de alerta, paranoia. Se sabe que se viene lo peor.
Si los estudios lo indican arrancaremos con la quimioterapia, será un proceso largo y difícil…
El pelo se caerá, los ánimos estarán por el suelo, el cansancio será extremo, cada hueso, cada músculo se irá achicando, pero el corazón se agrandará, querrá seguir, querrá pelearla.
El entorno se pregunta. ¿Acaso como se ayuda en estos casos? Se sabe que nadie puede hacer nada, es una ayuda que vale poco, pero vale, es ayuda y uno ahí se da cuenta quién está, quien estuvo.
Ojalá ahí siga, que acompañe, que abrace, que sea fuerte, con paciencia y amor mucho amor.
Mi cuerpo se muere, las células se van destruyendo, por momento la familia se enoja porque uno no quiere pelearla, uno bajo los brazos, seguir con tanto dolor se hace cada vez más difícil de negociar.
Todos se preocupan, sus ojos son de compasión, el cambio es tan latente que las miradas no pueden seguir disimulando, no pueden caretear una situación donde es inmenso el dolor, el miedo está presente, nos habita cada día, cada minuto, cada silencio que se produce en la casa, cada mensaje que no es contestado.
No me quiero ir, pero me tengo que ir, cada vez se mueren más partes, el corazón ya no puede luchar, la garganta se cansa, y los sueños ya quedaron atrás, ni siquiera se les puede dar una oportunidad.
Uno sigue, llora, pero sigue.
Se esconde, pide a gritos algo que sabe que no va a llegar: la bendita cura, la clemencia, la piedad, el amparo.
Hasta que un día llega, llega la mejoría, sí, la mejoría que nos prepara para el último adiós. La gente se alegra, pero no entiende, me estoy yendo, ya veo el puente, pero aún así sonríes porque la gente te sonríe. Será cuestión de días, de horas, me estoy yendo, sisi, me estoy yendo.
Y te amo y te ame, con todo el cuerpo, con toda la mente, con todas las ganas y sin esfuerzo.
Gracias por cada te quiero.










