Saint-Calvaire – Las noches de Dimitri
(Otoño 2024, antes de la selección definitiva)
Dormitorio 4, ala este – 01:57 h
Dimitri duerme boca abajo, como siempre. La manta solo le llega hasta la cintura. Sus pies 44 asoman al final de la cama: plantas pálidas, dedos largos y ligeramente curvados, un leve brillo de sudor nocturno. Lleva sus calcetines Nike blancos tobilleros, ahora grisáceos en la planta por el uso del día.
Dani y yo estamos agazapados junto a la puerta. Dani lleva la botellita de midazolam; yo, la llave maestra y una bolsa negra. Susurro: —Dos gotas más hoy. Quiero que esté muy profundo.
Dani sonríe, destapa y vierte. Esperamos diez minutos. La respiración de Dimitri se vuelve lenta y pesada.
Primer contacto – El olor
Me acerco de rodillas. Agarro su pie derecho con suavidad y lo levanto unos centímetros. Hundo la nariz en la planta a través del calcetín. Olor: sudor concentrado de todo el día (clase de Educación Física + entrenamiento de natación), algodón caliente, un toque de cloro y jabón de lavanda. Cierro los ojos y aspiro como si fuera oxígeno puro.
Dani se coloca al otro lado, coge el pie izquierdo y hace lo mismo. Sus ojos se ponen vidriosos. —Joder… huele a gloria —susurra.
Segundo contacto – Calcetines robados
Con cuidado, le quito el calcetín derecho a Dimitri. La planta desnuda queda al aire: pálida, suave, con algunas venitas azules y un leve olor más intenso ahora. Me lo llevo a la cara, lo aplasto contra mi nariz y boca. Dani hace lo mismo con el izquierdo. Nos miramos. Los dos estamos duros como piedras.
Dani se mete el calcetín entero en la boca y gime bajito. Yo lamo la planta desnuda de Dimitri: lengua plana desde el talón hasta la base de los dedos, sabor salado y ligeramente dulce. Dimitri se mueve un poco, un ronroneo dormido. No despierta.
Tercer contacto – El beso robado
Me inclino sobre su cara. Su boca está entreabierta, labios carnosos, respiración caliente. Le doy un beso lento, profundo, metiendo lengua. Sabe a pasta de dientes y sueño. Dani me mira excitado y se baja los pantalones del pijama.
Cuarto contacto – Eyaculación en las zapas
Dani coge las Vans Checkerboard blancas y negras que Dimitri tiene al lado de la cama. Las abre, mete la mano dentro y saca la plantilla sudada. Se la lleva a la cara mientras se pajea furioso con la otra mano. Yo hago lo mismo con la otra zapatilla.
Nos colocamos uno a cada lado de los pies desnudos de Dimitri. Dani se corre primero: chorros calientes y abundantes dentro de la Vans derecha, empapando la plantilla. Yo le sigo segundos después, eyaculando dentro de la izquierda, mezclando mi semen con el sudor ya existente.
Volvemos a colocar las zapatillas exactamente como estaban, ahora con nuestro “regalo” dentro. Mañana Dimitri se las pondrá sin saber nada y caminará todo el día con nuestra corrida pegada a sus plantas.
Quinto contacto – Los calcetines como trofeo
Dani se guarda el calcetín izquierdo de Dimitri en el bolsillo del pijama. Yo me guardo el derecho. Nos miramos, respirando fuerte, cubiertos de sudor.
Antes de salir, Dani se agacha y le da un beso largo en la planta desnuda. —Buenas noches, ruso… pronto serás todo nuestro.
Yo le doy otro beso en la boca, profundo y posesivo. —Dentro de poco te comeremos de verdad.
Salimos del dormitorio en silencio. En el pasillo nos abrazamos y nos besamos con lengua, todavía oliendo a sus pies.
Dos semanas después… Dimitri fue seleccionado. Y cuando por fin nos lo comimos, todavía llevaba nuestras corridas secas en sus Vans.









