Para ser feliz...
Se que somos muchos los que nos hemos sentido frustrados con nuestra actual situación en la vida. Quizá pensamos que somos los seres más infelices que jamás han pisado el planeta tierra. Tal vez nos odiamos más que a cualquiera otra persona infinitamente más despreciable y no sabemos como superarlo. Creemos que no somos capaces de nada y que lo más fácil sería desaparecer debajo de una piedra o siendo desintegrado por una bomba nuclear.
Yo les digo: Existe una solución. No es la solución convencional y espero que sea la opción que no elijan. Seguro han escuchado miles de consejos diciendo que no es el fin del mundo, que todo se puede arreglar, que hay que ser positivo. Ojalá los consejos que les den sean de ayuda, y que puedan salir del agujero con aquel empujón de positivismo como si en verdad la vida fuera color arcoiris. Yo les digo otra cosa: Llénense de odio.
¿Qué has dicho, Sofía? ¿Odio? ¿El odio es la solución? ¿Desde cuando?
Lo he probado y ha dado resultado. Cuando creía que nada podía ser peor, utilicé esta técnica radical. Comencé a ser la persona más negativa que pudieras conocer. Saqué de mi lista de amigos a aquellas personas que más se preocupaban por mi y metí en la lista negra a la totalidad de seres humanos existentes. Me fijé en todos y cada uno de los defectos de las personas, y me concentré en ridiculizar cada una de sus acciones mentalmente. Aun cuando seguía siendo amable (hipócrita) con ellos, les odiaba en mi interior. (Esto puede durar semanas, incluso meses, pero cuidado con excederse)
Poco a poco el experimento fue dando resultado. Mientras todos se volvían unos estúpidos a mi alrededor, yo comenzaba a transformarme por defecto en la única persona, cuerda, inteligente y sensata del planeta. No había llegado a la cima, pero siendo la única en aquella absurda altura me sentía poderosa. No había nadie mejor que yo.
Me sentía bien. Era feliz conmigo misma. Me apreciaba porque todo el mundo era despreciable y luego me aprecié solo porque si. Pero aquí no acaba la historia. Dijimos que el odio era la solución, pero OJO, no es el fin. Ocupamos el odio como último recurso para encontrar la paz, el equilibrio mental. Luego de esto debemos volver al amor.
Llegado el punto en el que te amas por sobre todo a tu alrededor, te sentirás lo suficientemente poderosa como para ser condescendiente con el resto del mundo. “Este idiota no tiene la culpa de ser un idiota. Nació así el pobre” pensarás. Te darás el lujo de perdonarle, porque tienes el poder, porque eres mejor que todos ellos. Eres el Puto Amo. Ya no serás amable con ellos por hipocresía, sino porque son tan insignificantes para ti que ya no te preocupas por odiarlos. Puedes amarlos, es exactamente lo mismo. Les desearás lo mejor en la vida porque tu ya eres feliz. Ya no puedes odiarlos. Odias sólo aquello que te representa una amenaza y tú no puedes ser amenazado por nada: ¡Eres el mejor! Comenzarás sintiendo lástima por los pobres diablos esos y terminarás apreciándolos.
Sacarás a todos de la lista negra y con mucho cuidado decidirás cuál de tus amigos debe ser considerado como tal. Tal vez en el modo Odio notaste que alguno de ellos se hacía demasiado fácil de odiar. Evalúalos con cuidado. Los amigos son los animales más camaleónicos y muchos parecerán lo que no son. Arriésgate con algunos. No todos pueden ser unos gilipollas.
Ve de a poco. Pasito a pasito. El mundo te parecerá un lugar mejor. Piénsalo bien. Si tu estás en él, el mundo es el mejor lugar que pudiera existir. Destilarás amor por tus poros. Irradiarás alegría. Te sentirás capaz de todo. ¡Ve a por el mundo! ¡Te pertenece!
Advertencia 1: Si vuelves a caer en el agujero, comienza el proceso desde el principio. Advertencia 2: Esta fórmula es un caza bobos. Ten mucho cuidado porque puedes quedar atorado en el modo Odio y no salir nunca de él. Si crees que quedaste atorado te recomiendo volver a los consejos arcoiris de las personas positivas o consúltalo con un profesional.
Me despido con todo el amor que tengo, porque yo los amo. ¡Los amo!












