(...) Así escribía un poeta hace diez siglos. Pero ahora el viento ignora quién vuelve a casa. Por eso grita en estos espacios más fuerte que en las ciudades en donde muere el tiempo en que todos eran pioneros, guerreros o poetas. Que siquiera se oiga en los pueblos, pero también ha perdido su sentido en los pueblos. Ya no aparecen las bandadas de choroyes y torcazas que abrumaban los manzanos silvestres. No hay pudúes, ni guanacos, ni avestruces y los lobos marinos no se apiñan en las costas.
Jorge Teillier















