Un mundo curioso el industrial, que pasa de necesitar tantas trabajadoras para confeccionar los pantalones a unas cuantas máquinas nomás. Dos manos por maquina son lo único que necesitan, la producción aumenta tanto con las 900 puntadas que podemos hacer en ellas. Yo me supe adaptar rápido, pero cuanto maldigo haber dejado a tantas amigas por el recorte de personal, claro, salieron esas grandes máquinas por unas nuevas y las que no pudieron soportar la ola, solo cayeron al inmenso vacío del desempleo. Es una lástima todas las pérdidas que se producen por la nueva masa de arreglos que nos llegan, las jornadas se volvieron en su pico de intensidad desde hace meses, si lograrán contemplar por unos breves momentos nuestras manos, solo verían las ampollas y puntos rojos producidos por las agujas, un cruel destino para aquellas manos suaves que quedan arrinconadas con el arduo trabajo que hay.
¿Vale la pena? Es algo amargo admitirlo: Pero sin velar por la seguridad de los demás, toda la ropa que logramos coser en un día es muchísimo mayor a la que hacíamos en semanas. Era todo a mano o con esa máquina lenta, no recuerdo su nombre, pero escuché que la Singer, la que usamos, es un número mayor a la otra. Los ropajes se hacen en minutos, es un alivio para los que lo portaran en menor tiempo, pero un nuevo sufrimiento y una jornada laboral más pesada para nosotras.













