México nunca será como Venezuela
Venezuela vive la peor crisis política en su historia. El viernes 10 de enero, Nicolás Maduro juró como presidente electo para un tercer periodo que culmina en 2031. Justo un día después de que la principal opositora, María Corina Machado, lideró una multitudinaria protesta social por las calles de Caracas. Su única intensión; mostrar su rechazo a la reelección del dictador y apoyar la toma de protesta de Edmundo González, el presidente electo.
Latinoamérica, la Unión Europea e incluso el recientemente electo Donald Trump mostraron su rechazo y desconocimiento a la juramentación de Nicolás Maduro como presidente. Mientras tanto, Claudia Sheinbaum, la presidenta de México ha decidido callar excusándose en la “autodeterminación de los pueblos”, enviar un representante a la toma de protesta y con ello respaldar implícitamente al dictador.
Los opositores venezolanos, María Corina y Edmundo González, tienen en su poder las actas electorales que respaldan su triunfo en las últimas elecciones de ese país. Por el contrario, Nicolás Maduro y el oficialismo pretenden mantenerse en el poder utilizando a las instituciones que cooptaron y con el respaldo de la milicia para sofocar las protestas legítimas. Por ello parece increíble que la primera presidenta de México, emanada de la izquierda, no se haya pronunciado en contra de la reelección del dictador.
Mientras tanto, en México, la Presidenta celebra sus primeros 100 días de gobierno con verdades a medias o de plano, mentiras. Como aquella que no se cansa de repetir sobre el desmantelamiento del Poder Judicial: “Los jueces y ministros ahora sí serán elegidos por el pueblo de México”, cuando la verdad sobre su destrucción radica en la concentración del poder en un solo partido y una sola persona. Los nuevos ministros de la SCJN serán electos por unos cuantos y emanarán de Morena. No habrá quien ponga límites al poder presidencial.
Una multitud celebra en el zócalo capitalino la destrucción de los Institutos autónomos. Son los mismos que antes de llegar al poder, los defendían. En coro gritan “presidenta, presidenta”. Aplauden y se arrodillan ante una falsa “transformación”. Mientras Sheinbaum hace guiños al régimen de Maduro.
El oficialismo tiene razón; México nunca será como Venezuela. Aquí, no veremos a una persona perpetuarse en el poder, pero sí a un partido político. Estados Unidos jamás permitirá que uno de sus socios comerciales se quiebre democráticamente. Claudia terminará su sexenio y en su lugar colocarán a algún familiar o a la corcholata que mejor se deje manipular. Siempre vendrá algún personaje más radical que el anterior. Seguiremos celebrando al principio de cada sexenio 100 días de gobierno o de destrucción. El poder cambiará de manos, pero no de color.