¿Por quien voy a votar? ¿Por qué por la democracia?
¡Hace cuántos años no te veo querido amigo! ¿Te acuerdas de la última vez? Han cambiado muchas cosas desde entonces. Entre ellas mi tiempo libre para poder seguir enviándote cartas, pero los tiempos apremian y es urgente que te comparta mis reflexiones sobre cómo votaré en las elecciones de este año.
Como sabes, desde que me ha tocado participar en las elecciones mexicanas he hecho públicos mis votos. Comparto las fotos de mis boletas tachadas en mis redes sociales como un acto de honestidad, de coherencia y de responsabilidad, pues considero que tenemos los gobiernos que merecemos. Los elegimos quienes votamos y también quienes no lo hacen, por omisión. Todas las decisiones que tomamos tienen una consecuencia. No votar también es una decisión.
Mis primeras elecciones fueron en 2012, aquellas en donde competía Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Está por demás decir quien resultó electo. Para entonces ya habían pasado las turbulentas elecciones de 2006, aquellas en donde AMLO no reconoció su derrota, acusó de fraude, cerró paseo de la reforma y se declaró presidente legítimo. En 2012 tenía cierta conciencia de los rasgos autocráticos de Andrés Manuel y voté por Josefina Vázquez Mota del PAN para presidenta y por Isabel Miranda de Wallace para Jefa de Gobierno del entonces Distrito Federal.
En 2018, ya con más años encima y más maduro me enfrenté a las elecciones en las que todo México estaba indignado con el gobierno de Peña Nieto y el “Nuevo PRI”. La casa blanca, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la “Estafa Maestra” y otros tantos escándalos y tragedias desacreditaron al renovado PRI. Para las elecciones presidenciales de ese año anulé mi voto, pues consideré que ninguno de los candidatos cubría las expectativas de llevar a México al lugar, que entonces, imaginaba: André Manuel, José Mead, Ricardo Anaya, “El Bronco”, una Margarita Zavala que no aguantó y declinó, así las opciones.
Para la Ciudad de México, taché en la boleta a Claudia Sheinbaum, aunque no estaba tan seguro, apenas, en el sismo de 2017, se había derrumbado el Colegio Rébsamen y en el lugar murieron más de 20 niños y maestras. Claudia era delegada de Tlalpan y jamás clausuró el colegio pese a su incumplimiento en las medidas de Protección Civil. Aún con todo eso, aún con mis dudas, la elegí frente a una Alejandra Barrales sin posibilidades reales de ganar.
Mañana, 02 de junio de 2024, nos toca nuevamente ser ciudadanos, responsables, honestos, comprometidos. Nos enfrentaremos a la disyuntiva de elegir entre dos proyectos de nación, aunque hay tres candidatos, solo dos de ellos tienen posibilidades reales de ganar. Xóchitl Gálvez de la alianza PRI, PAN, PRD, que representa la posibilidad de continuar con la minada democracia que nos ha dejado el presidente López Obrador. La posibilidad de reconstruirla y fortalecerla para no regresar a los tiempos del autoritarismo y el partido único. La posibilidad de detener la demoledora guinda con prácticas del viejo PRI. La opción de viable para hacerle frente al uso de los programas sociales como moneda de cambio, programas mal instrumentados que perpetúan la pobreza en lugar de combatirla. Migajas a cambio de votos. La candidata del #PRIAN, es la candidata de las libertades, la pluralidad y la paz.
Es válido y verdadero el argumento de aquellos que sostienen que el PRI y el PAN han sido corruptos, han vivido del erario y han privilegiado sus intereses sobre los de millones de mexicanos. Es válido. En un ejercicio de honestidad también hemos de recordar que sin la apertura de los legisladores del PRI y la capacidad de negociar del PAN y el PRD las reformas electorales de gran calado de 1994 y 1996 jamás hubieran prosperado y sin ellas López Obrador y Morena nunca hubieran llegado al poder por la vía democrática. Democracia que AMLO y su candidata están dispuestos a sacrificar para quedarse en el poder.
El proyecto de nación de Claudia Sheinbaum representa la involución democrática. Acabar con las instituciones autónomas para no rendir cuentas. Capturar a la Suprema Corte con el falso argumento: “se han extralimitado en sus funciones y sacrificado leyes que benefician al pueblo”. A Claudia no le preocupa “el pueblo” le ocupa acumular poder para que su partido se mantenga en la silla presidencial tantos años como el PRI de los 80’s o más. A Claudia no le importan las víctimas del derrumbe de la línea 12 del metro de la Ciudad de México cuando ella era Jefa de Gobierno, para ella “ya se aclaró”, aunque Lorenza Serranía, exdirectora del metro no haya sido citada a declarar. Aunque no haya ni un solo funcionario en la cárcel.
A Claudia no le importa haberle dado Ivermectina, medicamento para piojos, a miles de habitantes de la Ciudad de México durante la pandemia de COVID 19. Medicamento no aprobado por la OMS por no contar con estudios científicos que avalaran su eficacia. Para ella no es importante que en la Ciudad hayan muerto más de 300 mil personas, por su omisión, por no atender a la ciencia y seguir ordenes de AMLO. La lista continúa cuando se trata de señalar todo lo malo que nos de Morena: militarización, más 180 mil homicidios durante el sexenio, más de 50 mil desaparecidos durante estos seis años. Nueve mujeres al día, que salen de sus casas y ya no regresen. Madres buscando a sus hijos en barrancas, desiertos, fosas clandestinas, basureros. Mujeres y niños con cáncer sin medicamentos. ¡Niños!
Este año votaré con la intensión de revertir todo lo malo. Con la esperanza de que mi voto les regrese los medicamentos a los niños que no lo tienen, a las mujeres. Con la esperanza de heredar a los hijos de mis amigos, de mis familiares, de mis conocidos y a los hijos de miles de mexicanos un país libre, un México plural y diverso en el que puedan pensar diferente a quienes nos gobiernan sin ser exhibidos en la conferencia matutina del presidente. Este año votaré por un México más democrático. Mi voto presidencial será por Xóchitl Gálvez. Para la Ciudad de México cruzaré la casilla de Santiago Taboada. Para alcalde votaré por Jorge Alvarado, candidato PRI, PAN, PRD. El resto de mis votos: diputados locales, federales y senadores serán por la oposición. En tiempos tan urgentes necesitamos un equilibrio en los poderes, un congreso que se oponga a los ideales de destrucción democrática de Claudia Sheinbaum en caso de que gane la presidencia.
¡Querido amigo, gracias por escucharme (leerme)! Estoy muy emocionado por el ejercicio democrático de mañana. Esta carta también es una invitación para que salgas a votar, por quien quieras. Elige a quien nos gobernará y después exige y evalúa su desempeño. Votar nos hace ciudadanos. Salgamos y ejerzamos nuestro derecho democrático a elegir para que, en el futuro, parafraseando a Cayetana Álvarez de Toledo, Diputada Española, haya alguien que escriba en nuestro epitafio “por ellos no quedó”.